Gheidy de la Cruz

Tribuna Invitada

Por Gheidy de la Cruz
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Llorando la muerte de Emely

Un episodio de dolor vuelve a marcar al pueblo dominicano, con el asesinato de una adolescente de 16 años, reportada como desaparecida la semana pasada, y que apareció degollada, en estado de descomposición en una maleta, la noche de este jueves, en la comunidad la Guama en el norte del país.

Emely Peguero, con un embarazo de 5 meses, sostenía un noviazgo “aprobado” por sus padres desde que tenía 12 años de edad con un joven que ahora tiene 19 años, Marlon Martínez, sospechoso de este horrendo crimen junto a su madre, Marlin Martínez, una funcionaria del gobierno dominicano que, al saberse del caso fue suspendida por 60 días de su cargo como subdirectora de pasaportes.

Mientras escribo estas líneas lloro de dolor, de impotencia, las imágenes han plagado las redes sociales; ya no hay reparo. El morbo, el sensacionalismo se ha apoderado.

Allí veo su cuerpo ensangrentado, doblado en una maleta negra, tirada en una carretera oscura y rodeada de curiosos que, con celulares en mano, piden justicia y la peor de la condena a los culpables. Yo no me atrevo compartir una sola imagen, pienso en la familia, en mi hijo.

Veo a sus padres implorar justicia o anhelando encontrarla con vida antes que fuera identificado el cuerpo. A la vez, me pregunto: Cómo permitieron que esa adolescente sostuviera una relación a tan corta edad? Era una niña, por Dios.

No pretendo con esto, ser más “santurrona” que nadie, pero mamá, papá, ponga orden en su casa. Sabemos de la rebeldía de algunos hijos, un consejo a tiempo puede hacer la diferencia.

Fomentar una relación entre menores puede traer serias consecuencias y el embarazo de Emely nos pone a reflexionar. Los padres alegan la apoyaron desde el primer momento, pero al parecer el mensaje no llegó y, en mi humilde opinión, ambas familias son también culpables de su desdicha.

Sospechoso es el novio de la menor y su madre, quienes guardan prisión preventiva. Alegadamente la recogieron en su casa para llevarla a practicar un aborto.

Ahora inicia un proceso de investigación por parte de las autoridades, pues se presume hay otras personas involucradas.

Este ha sido un caso doloroso para nuestro país, el segundo en el mes de agosto, que se suma al de Fernelis Carrión, también de 16 años de edad, quien alegadamente sostenía una relación de hace tres años con el sacerdote Elvis Taveras, acusado de asesinarlo a martillazos y cuchilladas en la Casa Parroquial y luego lanzarlo a unos matorrales. 

Hechos como estos nos arrugan el alma. Padres, vigilemos a nuestros hijos, tenemos que inculcar valores, la crianza es su responsabilidad. Nuestros pueblos necesitan una catarsis, el gobierno requiere con urgencia una política pública que proteja nuestra niñez.

Emely y el pequeño bebé que crecía en su vientre no merecían este final. Estoy contra el aborto.

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viernes, 1 de septiembre de 2017

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