Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Lo inevitable

Periodista

Era de esas cosas que nos parecen, a menudo porque nos lo meten así en la cabeza, inevitables. Así lo creía Vieques el 19 de abril de 1999. Llevaba 59 años siendo azotada en sus espaldas por la Marina de Guerra de Estados Unidos. El tiempo probó que lo inevitable no lo era tanto. Debemos escuchar.

La presencia militar era una realidad de la vida en Vieques desde 1940, cuando la Marina empezó a expropiar tierras, a menudo a la fuerza, a viequenses que habían vivido allí en algunos casos por generaciones. Las expropiaciones continuaron de una u otra manera hasta 1948.

Las cicatrices que aquello causó están todavía expuestas. Aún se encuentran viequenses que relatan aquello sin poder evitar el llanto. Ese es el caso del veterano líder de los pescadores, Carlos Zenón, quien casi nunca puede evitar las lágrimas al recordar cuando, siendo un niño, vio a una máquina de la Marina derribando la casa de su madre. Hay versiones conflictivas sobre si la Marina pagó o no por las tierras; algunos recuerdan que la Marina daba $25 a cada expropiado, lo cual equivaldría a $450 hoy.

Todo fueron problemas, y de una tremenda seriedad, de ahí en adelante. Cuando la Marina llegó, Vieques tenía cerca de 20,000 habitantes; el 19 de abril de 1999 eran menos de la mitad. Operaban en la isla tres centrales azucareras; después no hubo ninguna.

Durante seis décadas, dos terceras partes de la isla de 51 millas cuadradas fueron escenario de prácticas de guerra de la Marina. El pueblo de Vieques estaba como el jamón del sándwich, apretujado en el medio de su misma isla. Hay documentación que revela que la Marina ponía trabas a cualquier plan que pudiera resultar en desarrollo económico para la isla. La prefería pobre y vulnerable.

En la parte este, se dispararon incontables bombas. Se dispararon balas de uranio reducido, una sustancia altamente tóxica cuyo uso a nivel internacional está prohibido. Se probaron el agente naranja y el gas mostaza, entre otras sustancias.

El 19 de abril de 1999, la incidencia de cáncer de Vieques era 31% mayor que en el resto de Puerto Rico, reconocido por la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de Estados Unidos (ATSDR, por sus siglas inglés), que, en una determinación repudiada por importantes científicos de Puerto Rico y Estados Unidos, no lo relacionó a la enorme cantidad de tóxicos con los que la Marina había inyectado a Vieques por décadas.

En aquellos tiempos, era difícil encontrar a alguien en la isla municipio que no hubiera perdido a un familiar por cáncer.

El índice de población bajo el nivel de pobreza era de 60%. Era un pueblo pobre y triste. Por muchos años, algunos de sus residentes, sobre todo los pescadores, habían enfrentado a la Marina. Pero siempre que había crisis, la Marina, con la complicidad de gobiernos de Puerto Rico, le ponía una pinturita a la relación y las cosas seguían tal cual.

Por eso es que la presencia militar en Viequesparecía inevitable.

El 19 de abril de 1999, pasadas las 5:00 de la tarde, todo cambió. Un piloto se equivocó de blanco y lanzó la bomba en el puesto de observación en el que David Sanes, un guardia de seguridad de 35 años, prestaba vigilancia. El guardia murió en el acto.

Nada fue igual desde entonces y cuatro años después la Marina liaba sus bártulos y se iba de Vieques para siempre. Nadie habría podido imaginarlo, pero Vieques venció. Al final del día, el abuso no era, en realidad, inevitable. Vieques probó que las cosas pueden cambiar.

¿Cómo?

En la campaña contra la Marina hubo un consenso en la sociedad. Los que favorecían la permanencia de la Marina en Vieques eran muy pocos. Y no la favorecían porque creían que era bueno para Vieques; la favorecían por miedo a importunar a Estados Unidos. Importantes figuras del movimiento estadista no tenían ese miedo y estuvieron claros desde el primer momento en que se tenía que ir, empezando por el entonces gobernador Pedro Rosselló.

Algunos de los que se oponían se sacrificaron de maneras pocas veces vistas antes o después de aquello. Cientos de personas estuvieron dispuestas a caminar entre miles de bombas sin explotar, penetrando la altamente contaminada zona de maniobras, con el fin de colocarse justo donde se supone que cayeron los bombazos e impedir las maniobras. No hay otra manera de decirlo: arriesgaron la vida misma por Vieques. Eso es más de lo que jamás se ha querido reconocer.

Los delitos de desobediencia civil como los que se cometieron en Vieques para impedir las maniobras militares normalmente se zanjan con unas cuantas horas de cárcel y alguna multa simbólica. Pero algunos jueces federales de San Juan decidieron colocarse en el lado equivocado de la historia y empezaron a imponer sentencias de meses de prisión, con el obvio fin de desincentivar las protestas. Fallaron del cielo a la tierra: mientras más severas las sentencias, más gente aparecía dispuesta a perder su libertad para vencer.

La campaña contra la Marina fue tan exitosa, que dos presidentes de Estados Unidos tuvieron que atender personalmente la crisis. Bill Clinton hizo algo que nunca antes un presidente estadounidense había hecho: dio un mensaje televisivo exclusivo para Puerto Rico. George W. Bush tuvo que contestar preguntas al respecto durante una cumbre de líderes mundiales en Europa.

Veinte años después de la victoria contra la Marina, Vieques sigue enfrentando desafíos. De eso se trata la vida de las personas y los pueblos, de desafíos continuos. Pero Vieques es hoy un lugar con mucho mayor potencial que hace veinte años.

El nivel de pobreza medido por el gobierno de Estados Unidos bajó de 60% en el 2000 a 36.5% hoy. Sigue siendo alto porque, claro, Vieques sigue siendo parte de la colonia de Puerto Rico. Pero es menos que en otros sitios y hay más opciones para vencerla.

El turismo se ha multiplicado, lo cual es perfectamente comprensible, pues, ¿a cuántos nos gustaría vacacionar en un sitio que en cualquier momento puede ser estremecido por un bombazo? Hubo hasta un hotel cinco estrellas de 156 habitaciones hasta que María lo destruyó.

El turismo no es el modelo de desarrollo favorito de todos. También hay preocupaciones sobre quién se beneficia y sobre si hay en proceso en Vieques un plan de desplazamiento poblacional. Esos son los desafíos del Vieques ahora. Mas al cabo de 20 años de aquel evento que marcó la historia de Vieques y de Puerto Rico, nadie en su sano juicio dice que la “Isla Nena” antes estaba mejor.

Debíamos aplicar las lecciones de Vieques –consenso, sacrificio, consistencia– a otros desafíos enormes que tenemos como sociedad, el más importante de los cuales es lograr tener, como la inmensa mayoría de los pueblos del mundo, algo tan elemental como una democracia plena.

Vieques probó que se puede cambiar lo que parece inevitable.

¿Lo habremos aprendido?

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