Carmen Dolores Hernández

Punto de vista

Por Carmen Dolores Hernández
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¿Lo mejor de dos mundos?

La frase se convirtió en un mantra: los puertorriqueños —decíamos— vivíamos en el mejor de dos mundos. Éramos ciudadanos del primer país sobre la tierra y pertenecíamos a la economía del dólar. Nuestra isla paradisíaca progresaba; un Tío Sam lejano y providente velaba por nosotros. Entrábamos y salíamos libremente de Estados Unidos, mirando por encima del hombro a quienes, provenientes de las “republiquitas” que despreciábamos, no podían hacerlo. Accedíamos a los productos estadounidenses… y a sus ayudas.

Arma de doble filo, la ciudadanía limitó, sin embargo, nuestro espacio de acción para buscar soluciones satisfactorias a nuestra situación colonial. ¿Qué más queríamos si éramos ciudadanos? Éramos ya iguales. Solo que no lo éramos. Nuestra ciudadanía estuvo siempre acotada por restricciones invisibles. Viajábamos como ciudadanos, pero no votábamos como tales, ni elegíamos a los funcionarios que, en último término, nos gobernaban (en un país que ganó su independencia alegando que “taxation without representation is tyranny”). Tras invadirnos en el 1898 durante la Guerra Hispanoamericana, los Estados Unidos nos sumaron a su lista de adquisiciones territoriales decimonónicas. No contaron con los puertorriqueños, porque la nación americana se había convertido en un imperio que asimilaba tierras pero no poblaciones conquistadas. (Los indígenas, despojados de su territorio, fueron confinados en reservaciones; no obtuvieron la ciudadanía hasta 1924.

Casi desde su inicio, el naciente imperio había codiciado a Cuba y Puerto Rico como “manzanas destinadas a caer en manos de los Estados Unidos” cuando se separaran del árbol que las sostiene (España), según dijo John Quincy Adams en 1823. La ciudadanía se concedió en 1917, en vísperas de la involucración estadounidense en la I Guerra Mundial. Alemania había iniciado entonces una guerra de submarinos contra los barcos americanos; intentaba aliarse con México para ayudarlo a recuperar las tierras perdidas en la guerra Mexicano-Americana y amenazaba al Canal de Panamá. La posición estratégica de Puerto Rico fue clave para esa concesión. Mejor “contentar” a la población, atajando todo intento levantisco. Fuimos un escudo invisible. Lo volvimos a ser 20 años después, ante la nueva amenaza de la Alemania nazi.

El valor defensivo no es ya operante. El imperio parece haberse cansado de nuestros problemas (muchos causados —precisamente— por su imperialismo). Nuestros rasgos físicos “latinos”, nuestro idioma y nuestras carencias nos acercan demasiado a los inmigrantes indeseables. Puerto Rico es mal visto por una administración prejuiciada. Somos ciudadanos de segunda (o de tercera) impotentes, en nuestra postración económica, para reclamar nada.

El dólar que circulaba por la isla a manos llenas ha dejado de ser productivo, convirtiéndose en una deuda impagable. El deterioro antes escondido está ahora a plena vista. Las industrias,dependientes de inversiones extranjeras, se hanmarchado. La bonanza, asentada sobre bases frágiles, por ajenas, cesó. La economía se estrelló. Estamos arruinados.

Muchos de nuestros vecinos caribeños se levantan a paso lento pero seguro. Algunos puertorriqueños aún esperan que les caiga el maná del cielo, que los “amos benévolos” nos saquen del aprieto. Pero ni el amo es ya tan benévolo ni está tan dispuesto a sacarnos del hoyo que hemos cavado con sueños faraónicos y manejos corruptos. Ahora —y siempre— lo que le interesa es el territorio más que la gente. El sueño se ha convertido en pesadilla. Vivimos en el peor de dos mundos. ¿No será hora de mirarnos en un espejo que no distorsione nuestra imagen, reconociéndonos como lo que somos? ¿No debemos ya reclamar nuestra tierra para que sustente —de manera responsable— nuestro propio progreso? ¿Caer en cuenta de que no hay recetas mágicas para la felicidad y el bienestar, que la prosperidad se alcanza con el trabajo y la felicidad colectiva con la acción solidaria hacia una meta común?

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lunes, 2 de septiembre de 2019

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