Eliezer Ríos Camacho

Tribuna Invitada

Por Eliezer Ríos Camacho
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Lo mejor y lo peor de Miss Universe 2019

WME/IMG, la compañía detrás del certamen de Miss Universe ha realizado una serie de cambios en este que en esencia se proyectan como positivos, pero por otro lado esta competencia/espectáculo arrastra unos elementos que en nada le favorecen.

Vamos por parte. Desde las pasadas dos ediciones, se ha notado un interés de que las candidatas proyecten, más allá de belleza física, la capacidad de expresar opiniones contundentes acerca de temas de actualidad que impactan a la sociedad en general, pero sobre todo a la mujer a nivel global.

Es por eso que ahora notamos cuán importante es que las candidatas no solo lleguen pulidas en materia de condición física y pasarela, sino en lucir convincentes al manifestarse sobre temas como contaminación ambiental, educación, salud, derechos reproductivos de la mujer, violencia de género, política y mundo cibernético, entre otros. 

Mientras el año pasado se implementó una autopresentación de las 20 semifinalistas, este año se añadió que las tres finalistas volvieran a dirigirse al público para presentar sus respectivas “plataformas”, de ser la ganadora de la corona. Es decir, que la preparación intelectual y emocional es tan importante para una nueva candidata a Miss Universe como lo puede ser su preparación física y contar con un ajuar que destaque sus atributos.

En contraposición a estos avances positivos para mostrar un retrato holístico y sobre todo real y actual de la mujer, vemos una puesta en escena pobre.

Parece increíble que siendo esta edición del certamen la primera vez que los estudios del multimillonario cineasta Tyler Perry se abrían al mundo, la escenografía hubiese sido no solo simplona, sino barata. Si en una edición de Miss Universe Puerto Rico se llegan a colocar esos árboles artificiales con bases de madera cuadrada mal cubiertas de musgo, la opinión general hubiese acabado con el certamen.

Ahora bien, la peor tara que Miss Universe arrastra, lo es sin duda, su maestro de ceremonias, el “comediante” Steve Harvey.

En el certamen del domingo, Harvey comentó que a él mismo le parece increíble que lleve cinco años al frente de la conducción del concurso, y no es un chiste. En serio, mucha gente debe estar preguntándose lo mismo. Su desempeño ante las cámaras va en la dirección completamente opuesta a la del concurso. Su humor descansa completamente en realizar comentarios machistas, sexistas, racistas y ofensivos.

¿Cómo nadie de la producción le dice que no es gracioso hacer referencia a los carteles de droga cada vez que habla con una candidata de Colombia? Eso no es ser gracioso, es insultar y menospreciar a un país entero, partiendo de una generalización y de un cliché ignorante. No se trata de no poder leer bien el nombre de un país en una tarjeta, sino de mancillar de manera burlona a otras culturas. Y todo desde el escenario de un evento que pretende celebrar lo mejor de cada una de las participantes y de los países que representan. Al fin no se trata de otra cosa que de un total acto de hipocresía.

Steve Harvey bromeó con Miss Colombia, pero su comentario generó malestar


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