Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Lo poco que nos queda

Enredados como estamos en la telaraña del COVID-19, no hay mucha gente pendiente hoy al pequeño detalle de que dentro de seis meses habrá elecciones. Conviene darse una buena lavada de manos, reajustarse la mascarilla y volver a prestarle atención a la cuestión electoral.

Mientras la gente normal está pendiente del pico o falta de pico de la pandemia, y ve, ya con cierta resignación, al gobierno básicamente rendirse, con el secretario de Salud, Lorenzo González, haciendo declaraciones que pueden interpretarse como un “que sea lo que Dios quiera”, un desarrollo crítico relacionado a las elecciones va a ocurrir esta semana.

Veamos:

Algunos recordamos que en aquella época distante y feliz en que teníamos empleo y podíamos ir a donde nos diera la gana sin temor a que eso nos pusiera en peligro de morir asfixiados, la Asamblea Legislativa había aprobado una reforma electoral.

Era tan normal la vida en aquellos tiempos, diciembre del 2019, que aunque se trataba de un proyecto que altera dramáticamente nuestro sistema electoral, se aprobó con el apoyo solo del Partido Nuevo Progresista (PNP) y con la oposición de todos los demás partidos y otros sectores de la sociedad, tras un solo día de vistas públicas. Pero, se aprobó con un montón de errores técnicos que lo hacían imposible de ejecutar. La Legislatura tuvo que guardárselo, con el mismo amor con el que lo aprobó.

Era un proyecto que causaba escalofríos porque debilita muchas de las garantías de pureza del sistema electoral, que es de lo poco bueno que nos queda en la minada institucionalidad en Puerto Rico. Además, ponía al sistema electoral de la isla en camino al voto totalmente electrónico, una ruta de la que otras jurisdicciones, incluyendo Estados Unidos, están huyendo despavoridos por el peligro de que fallas informáticas, cuando no manos siniestras, enrarezcan los resultados de los comicios.

Muchos creyeron que la amenaza se había disipado cuando la intentona del aprobar el proyecto se malogró en diciembre. El 2020 arrancó ya con candidaturas decididas, papeletas cuadradas y preparativos a todo vapor para las primarias de junio y las elecciones del 3 de noviembre. El 2020, además, llegó con la tierra boricua temblando salvajemente y, cuando empezábamos a respirar del horror, el COVID-19 llegó a destruir la economía y cambiarnos la vida a todos.

Durante este proceso, las elecciones no estaban en la mente de nadie. Del proyecto electoral, cuyo principal promotor es el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, nos habíamos olvidado casi por completo. Muy pocos pensaban que a un juego de béisbol se le iban a cambiar las reglas por la tercera entrada y sin que estén de acuerdo todos los que juegan.

Nos equivocamos.

Mientras el país estaba enfocado en los terremotos y en el COVID-19, en la Legislatura se siguió martillando la medida. El proyecto fue corregido en la Legislatura y aprobado por ambas cámaras. Está ahora mismo ante la consideración de la gobernadora Wanda Vázquez, quien tiene hasta este sábado 16 de mayo para firmarlo o vetarlo. Si no toma ninguna acción, la pieza se convierte en ley.

En noviembre del año pasado, cuando todavía no era candidata, Vázquez declaró: “el consenso entre todos los sectores debe ser el norte al momento de evaluar el código electoral”.

El proyecto sigue siendo una medida sumamente peligrosa que metería a Puerto Rico en un problema que, aun con todas las dificultades que tiene nuestra vida colectiva, casi nunca hemos tenido: desconfianza en el resultado de las elecciones.

Algunas de sus disposiciones más inquietantes, como el voto totalmente electrónico, están programadas para después de estas elecciones. Ese es un tema que se debe y se puede examinar del 2021 en adelante, con la calma y el sosiego que estas cosas merecen.

Pero hay disposiciones de inmediata aplicación muy perturbadoras.

La que más atención merece es que flexibiliza el voto ausente y adelantado. En el sistema actual, el voto adelantado y ausente está disponible solo para personas en situaciones muy específicas, como son los estudiantes, militares y residentes de la isla que puedan probar que están fuera el día de las elecciones y de las que no se tiene ninguna duda de que su domicilio es aquí.

El proyecto básicamente elimina esas categorías y permite que cualquiera que esté fuera el día de las elecciones pueda votar. Eso, en sí, no es negativo, pues nadie debería quedarse sin votar porque pueden haber muchísimas más razones por las cuales a alguien le toque estar fuera de la isla el día de las elecciones.

Lo que lo hace muy peligroso es que prácticamente prohíbe que se cuestione por qué cualquiera quiere votar por internet o por correo, como son los votos ausentes y adelantados. Las elecciones de Puerto Rico son para residentes en la isla mayores de 18 años, aunque por X o Y razón del día de la elección estén en otro sitio.

Este proyecto abre la puerta para que los cientos de miles que se mudaron de aquí siendo electores activos puedan votar, sin que se les pueda cuestionar si están afuera circunstancialmente o si se mudaron de manera permanente, como es el caso de al menos 250,000 en los últimos tres años. En un país en que se han decidido elecciones por menos de un 1%, invitar a incontables personas de afuera a votar aquí nos pone en peligro de que quien nos gobierne sea escogido por gente que no vive aquí ni sufrirá las consecuencias de su voto.

Abre la puerta para lo que es una de las cosas más graves que le puede pasar a una democracia: que se pueda cuestionar el resultado de una elección. Comicios libres y limpios son el pilar de cualquier democracia. Nuestra democracia es trunca, por supuesto, porque, al final del día, somos una colonia sin voz ni voto en nuestros asuntos más importantes. Mas lo poco que tenemos nos toca cuidarlo.

Habrá quien defiende, y no necesariamente con malos argumentos, lo que propone lamedida. El problema sigue siendo que no se dio tiempo ni espacio para una discusión franca de todos los interesados en este tema vital de nuestra sociedad.

Dentro de toda la turbulencia de nuestra historia, la pureza de nuestras elecciones casi nunca ha estado en duda. En medio de la debacle institucional que vivimos, del colapso de todo lo oficial, la confianza en el resultado de las elecciones casi siempre ha estado con nosotros.

Nuestro sistema electoral tiene un millón de problemas como son el inversionismo político, la CEE abierta y gastando cuatro años, el control de los partidos de todas las estructuras electorales, muchísimos más.

La confianza en el resultado de las elecciones no es uno de estos. Este proyecto, que además contiene disposiciones claramente diseñadas para darle el control del aparato electoral al PNP, tiene todo el tufo de un intento del oficialismo de cargar los dados a su favor.

En cuestión de días, veremos si la gobernadora reconoce la gravedad de la coyuntura en que gobierna, hace buena su palabra de no firmar un proyecto que no es de consenso y no nos quita la confianza en nuestro sistema electoral, que es, en este tiempo de vorágines sin fin, de lo poco que nos queda.

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