Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
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Lo que aguanta el papel

Hoy mi diario cumple 39 años. Lo empecé cuando me fui de Puerto Rico para estudiar en los Estados Unidos, después de un desengaño amoroso. No en balde el escritor jesuita Baltasar Gracián decía que el desengaño es pasto de la prudencia y delicia de la fortaleza. 

Escribir es como meterse en el mar. Cuando era niño me encantaba hacer body surfing. Pero había olas tan grandes que eran imposibles de surfear. Me levantaban y me tiraban al fondo con una fuerza que me ahogaba. Con el tiempo, aprendí una forma de aguantar el miedo. Si veía que la ola era demasiado grande, cogía un buche de aire, me zambullía lo más hondo posible, y dejaba que el tsunami me pasara por encima. Escribir en un diario es una forma de medir la ola del pánico y de sumergirse para dejar que el huracán pase.

Hace unos días terminé de leer Huracanada (2018) de Mayra Santos Febres, una colección de poemas escritos después de María. Algunos poemas me parecieron muy conmovedores. Busqué en Google algo sobre el libro, y encontré una entrevista donde la escritora decía que el poemario salió de sus diarios. “Estuve 47 días sin luz (dice), en esos días para mantener la cabeza clara y para poder responder a la situación recurrí a escribir en mi diario… Cuando llega la luz me pongo a mirar esas notas y me doy cuenta que podría haber un libro”. Santos Febres escribió su diario cuando estaba metida en la oscuridad de María. La tormenta de palabras resonó en mí. 

Huracanada está dividido en cinco partes, y la última tiene el nombre curioso de “Sistemamundo”. El nombre tal vez sea una alusión al tamaño monumental del ciclón que azotó la isla. El primer poema de esa sección empieza de una manera sorprendente. “Es el ojo del huracán el que cuenta todo esto”, dice. Y termina de una forma igual de rara: “Hay que rendirse ante su intensidad”. Me parece raro porque otras partes del poemario tienen un tono triunfalista. Pero este poema no. Aquí, la escritora se desengaña y se sumerge en sí misma. “Yo tan solo tomo nota”, repite. 

Otra escritora, Julia de Burgos, escribió un diario parecido durante su estadía en un hospital de la ciudad de Nueva York en 1948. El diario es igual de corto y conmovedor. Burgos hace observaciones clínicas sobre su enfermedad y escribe versos. Al final, la poeta se desengaña y se zambulle en sí misma. “A medida que la salud física y moral me es devuelta, mi mente va pensando más claro”, dice. Y concluye, “no es que haya asumido una actitud derrotista … veo la verdad tal cual es”. Como Santos Febres, Burgos toma nota de lo que siente. Se sumerge y toca fondo para seguir nadando. Su diario es un buceo íntimo que le devuelve la fuerza.

Es verdad lo que dicen. El papel lo aguanta todo. Hasta la respiración. Mientras la tormenta pasa.

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