Rafael Cox Alomar

Tribuna Invitada

Por Rafael Cox Alomar
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Lo que el presidente Trump olvidó decir

Y finalmente llegó el Putin dorado a suelo boricua; con todo y Melania, en el reluciente Air Force One. Y allí al pie del avión el gobernador Rosselló, al igual que otros gobernadores antes que él, recibió con cortesía al volátil visitante. Y de ahí a la tan esperada conferencia de prensa del presidente más locuaz y menos apegado a la verdad que ha tenido aquella nación desde la inauguración de Washington en 1789. ¿Y qué dijo? Mucho y al mismo tiempo nada. (Irrebatible hazaña.)

Que si sus esfuerzos por rescatar de la miseria a Puerto Rico habían sido extremadamente efectivos, que si su equipo de trabajo estaba al día con las operaciones de reconstrucción de la infraestructura, y que todos los puertorriqueños deberíamos estarle profundamente agradecidos porque después de todo le salimos bien caros a los Estados Unidos a tal grado que nosotros solitos le hemos descuadrado el presupuesto al gobierno federal. (Tamaña falacia cuando se compara nuestro presupuesto consolidado de cerca de $25 billones con los $4 trillones de presupuesto federal) Tal y como se esperaba, la tan mentada conferencia de prensa del presidente se convirtió en una algazara publicitaria, con la cual intentó defenderse de las graves acusaciones de negligencia y mal manejo que se le vienen haciendo (y con razón) desde hace días al mismo presidente que mientras jugaba golf este pasado fin de semana le echaba toda la culpa de todos sus males al mismo pueblo de Puerto Rico que hoy de forma festinada pretendió alabar.

Con excepción de las visitas de Kennedy en 1961 y Ford en 1976, las cuales estuvieron enmarcadas en importantes coyunturas geopolíticas matizadas por la tormentosa dinámica de la Guerra Fría, ninguna otra visita presidencial ha tenido tanta pertinencia o razón de ser (al menos teóricamente) como ésta. Puerto Rico acaba de sufrir el embate del huracán más mortal desde San Felipe en 1928, pero a diferencia de entonces e incluso de San Ciriaco de 1899, nunca antes la economía había sido tan dependiente de las corrientes globales ni tan poco competitiva en términos relativos como ahora. A diferencia de entonces, cuando el puertorriqueño comía lo que cultivaba y subsistía en función de su trabajo independiente y ni siquiera soñaba con depender de los emails, iPhones, ATH, ni el wireless para sobrevivir, hoy día la realidad es otra; y esa misma modernidad, la cual es imprescindible en el mundo moderno, a la vez ha engendrado nuevos desafíos y complejidades.

¿Y qué fue lo que se le olvidó decir a Trump?

En primer lugar, que la exención a la aplicación de las leyes de cabotaje que nos concedió es muy corta. Que 10 días de exención no son suficientes. Que inclusive en el caso de los huracanes Katrina y Rita en 2005, la administración Bush concedió una exención de sobre 30 días a la zona del Golfo de México. Que si las Islas Vírgenes no están sujetas a la traba del cabotaje de forma permanente, es hora que Puerto Rico vaya transitando por igual camino.

En segundo lugar, que el gobierno de Puerto Rico se podría quedar sin efectivo a fin de mes. Y, que por consiguiente es imperativo que el Tesoro federal finalmente se deje de pontificar y se ponga a actuar. ¿Y cómo? Extendiéndole al gobierno de Puerto Rico la liquidez suficiente, a través de una modalidad de financiamiento que muy bien podría reproducir el modelo que se siguió con el Distrito de Columbia a mediados de la década del 90.

En tercer lugar, que constituye alto deber moral de la administración Trump incluir a Puerto Rico de forma estratégica tanto en el proyecto de financiamiento de infraestructura de sobre $1 trillón que él quiere que el Congreso le apruebe, así como en la reforma contributiva federal que anunció la semana pasada. Igual con respecto al angustioso tema de la salud.

En cuarto lugar, que el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín, la puerta comercial de la isla al mundo, es hoy tierra de nadie y que hace falta inmediatamente una intervención federal allí de personal y recursos para sacar aquello hacia adelante.

En quinto lugar, la potenciación de nuestro sistema energético, la apertura al mercado libre de la generación y la comercialización en Puerto Rico de nuevas tecnologías desarrolladas por los científicos en los primeros centros de investigación de Estados Unidos debería también estar en la mesa del presidente.

Así las cosas, ¿quién le debe recordar todo esto al señor presidente?

La comisionada residente cuando vaya de regreso a Washington de la mano del Putin dorado.

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