Emilio Colón Zavala

Tribuna Invitada

Por Emilio Colón Zavala
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Lo que el viento nos reveló en Puerto Rico

A más de un mes del paso por Puerto Rico de los huracanes Irma y María, ya hay voces que claman por cambios radicales en nuestros códigos y reglamentos de desarrollo.

Por ejemplo, algunos claman por enmendar el código de edificación para que se diseñen estructuras para vientos sostenidos de 175 a 200 mph. Sea esta la realidad o no, lo cierto es que aún es muy temprano para llegar a conclusiones. Esto no se debe hacer a la carrera, y cualquier cambio tiene que estar fundamentado en las evaluaciones de los daños, muchas de las cuales ni han podido comenzar.

El golpe más evidente ha sido a nuestra infraestructura. Los miles de derrumbes en áreas rurales, puentes averiados y una represa con falla son parte de las noticias. Además, está la falta de acceso a agua potable para cerca de un millón de habitantes. La sorpresa más grande ha sido el colapso de las telecomunicaciones, debido al colapso del sistema de distribución de energía eléctrica. Esto ha sido una crónica de muerte anunciada.

Mucho se ha hablado de estudios y publicaciones en cuanto a la vulnerabilidad y el deterioro del sistema de energía eléctrica. Un sistema diseñado hace sobre 50 años por la Autoridad de Energía Eléctrica, construido y mantenido por ellos mismos, como el famoso personaje “Cuca Gómez”. Ni siquiera están requeridos por la Junta de Planificación a certificar planos y obras ante la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe). Es decir, lo diseñan, construyen o supervisan su construcción, lo mantienen y auto auditan el cumplimiento de su infraestructura.

El colapso de la Central Energética de Aguirre, el pasado 22 de septiembre de 2016, tardó semanas en reponerse, y expuso dos cosas: la vulnerabilidad del sistema y la dependencia de la AEE que tiene la economía. Vale la pena recalcar que en ese incidente no colapsó ninguna torre. Este debió haber sido nuestro ensayo y alerta al riesgo que representaba el colapso del sistema energético.

Desgraciadamente no aprendimos.

Debimos habernos percatado del verdadero riesgo de perder el servicio de la AEE por prolongados periodos de tiempo. Era el momento de reflexionar y tomar medidas para prepararnos en caso de no tener servicio por un periodo prolongado. Desde el pequeño comerciante, los grandes centros de compra, las industrias, los hospitales, los centros financieros, las telecomunicaciones y hasta la infraestructura dependen demasiado de una AEE que no puede garantizar el servicio que vende.

Decidimos todos aceptar este riesgo y efectivamente perdimos la apuesta.

El pasado agosto, el director ejecutivo de la AEE advirtió que el sistema colapsaría con vientos sostenidos de tormenta tropical. No se equivocó. Cuando el huracán Irma pasó a 60 millas náuticas de San Juan, la noche del 6 de septiembre el sistema se cayó. Aproximadamente el 5% de los abonados no recuperó elservicio cuando el huracán María remató el sistema y literalmente lo tiró al piso. Por lo menos las plantas generatrices no sufrieron daños mayores. Esto hubiese dejado un verdadero panorama dantesco en nuestra isla.

Ahora, a más de un mes del paso de los huracanes Irma y María, no nos queda de otra que aceptar la responsabilidad de haber apostado nuestra subsistencia a la AEE. Al motor de nuestra economía, la empresa privada, nos toca el sobrevivir el desastre con el acceso que tengamos a generadores en lo que se normaliza esta situación.

Claro, nadie podía prevenir el retraso que ha habido en recuperar el sistema debido a la destrucción y factores burocráticos. Es naturaleza humana desesperarnos, pero es importante que aceptemos el rol de todos en haber permitido llegar a este fondo.

Vamos a tener que desarrollar medidas alternas de generación de energía para infraestructura crítica. Los servicios esenciales no pueden depender de una sola fuente de energía para nuestro pueblo. Es necesario un Plan B y un plan de respuesta a desastres naturales efectivo que pueda ser implementado rápidamente.

Finalmente, es importante prospectivamente pasar la página y volver a la base. Reflexionemos en cómo podemos prepararnos mejor para el próximo evento. Tengamos una conversación sobre cuál nivel de riesgo es aceptable para el Puerto Rico del Siglo XXI que tanto añoramos. Les exhorto a que no caigamos en lo mismo, seamos creativos y busquemos soluciones distintas, repensando soluciones a problemas antiguos.

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