Manuel G. Avilés Santiago
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Lo que le pasó a Oscar

Mi primer “crush” lo experimenté siendo estudiante de la Universidad de Puerto Rico. Se llamaba Oscar y lo conocí en el 1998 en una presentación del clásico teatral de Lope de Vega, Fuenteovejuna. De cuerpo fornido, extremidades largas y piel dorada, se pasaba los días al desnudo en el vestíbulo del teatro de la universidad mientras recolectaba miradas y desentrañaba sueños de fama.

Dos años más tarde, Oscar desapareció de la faz de la tierra. De su presencia sólo quedó el burdo pedestal en el cual pasó gran parte de su vida. Vida que de por si era prestada ya que, según rezan los anales de la historia, llegó a Río Piedras, como una donación que serviría de estímulo para futuras generaciones de actores y cineastas.

Su rígido cuerpo, de poco más de doce pulgadas y ocho libras, fue donado a la Universidad en una transacción entre el gobernador Luis Muñoz Marín y José Ferrer, primer puertorriqueño y latino en ganar el premio a Mejor Actor de parte de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas por su interpretación en Cyrano de Bergerac.

Tras la desafortunada desaparición de Oscar, fichada como robo, se ofreció una recompensa de diez mil dólares a quien diera pista de su paradero. Sin embargo este nunca apareció.

Lo que le pasó a Oscar vaticinó otra tragedia en la industria cuando en el 2011, la Academia revisó su reglamento y decidió que Puerto Rico no podría competir en la categoría de mejor película extranjera. Según argumentaba el comité ejecutivo, aunque las producciones fueran en español, los realizadores son -en teoría- ciudadanos estadounidenses, lo que automáticamente nos excluye de dicha categoría.

Tendría ocho años cuando el filme de Jacobo Morales, “Lo que le pasó a Santiago” recibió una nominación como mejor película extranjera. Viví con gran ilusión la mera posibilidad del galardón. De adulto, recuerdo con melancolía “lo que le pasó a Oscar” mientras fantaseo con la posibilidad de algún día, recuperar la soberanía fílmica que nos permitió soñar con él.

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