Marla Pérez Lugo

Tribuna Invitada

Por Marla Pérez Lugo
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Lo que no menciona el gobernador

El gobernador de Puerto Rico anunció la decisión de vender los activos de generación de la Autoridad de Energía Eléctrica.  También mencionó que se iba a explorar el ofrecer a concesionarios los sistemas de transmisión y distribución de energía.  En principio, lo que la literatura sobre transformaciones energéticas alrededor del mundo nos ensena, es que hay que “destruir” para poder “construir”.  Eso es lo mismo que nuestros abuelos decían, que para hacer tortilla hay que romper los huevos.  Sin embargo, hay ciertos elementos del discurso del gobernador que hay que examinar con cuidado.

Primero, la intención de vender la generación (no la transmisión ni la distribución) no nos debería tomar por sorpresa, ya que desde hace años los dos partidos principales han coqueteado con esta estrategia. La privatización de la generación se ha planteado como la única forma de alcanzar la eficiencia y de disminuir el precio del kwh para los consumidores. Simplemente el gobierno es incapaz de hacerlo. 

La hipótesis es que en un sistema privado de energía el servicio mejora y el precio disminuye, pero no se explica exactamente cómo. En Puerto Rico esta no es la primera vez que escuchamos este discurso. Lo escuchamos con el sistema de comunicaciones, con el sistema de salud, y el servicio de agua potable.  Este último fue devuelto por el privatizador por declararse incapaz de manejarlo. 

La situación es que después de procesos de privatización, la evidencia empírica demuestra que no todo sistema privado es necesariamente mejor.  Los tres sistemas colapsaron después de María y aún (cuatro meses después) no se han restablecido. 

Otra cosa que tienen en común es que los tres sistemas han exigido ayuda del gobierno central por ser incapaces de recuperarse por sí mismos, impactando gravemente la economía y el bienestar de los puertorriqueños.  Es más, compañías de telecomunicaciones han declarado en la prensa que el servicio no ha sido reestablecido por culpa de la AEE, sin reconocer que era su responsabilidad tener sistemas de apoyo, pero a la misma vez cobrándole al consumidor miles de dólares por servicios no brindados.

Segundo, el discurso se basa en la premisa de que los monopolios son malos, por lo tanto, hay que desacoplar la integración vertical de las diferentes actividades: generación, transmisión, distribución y servicio al cliente.  Pero, al vender la generación para “permitir la competencia entre proveedores”, hay varias preguntas que merecen atención: si la infraestructura de generación está tan obsoleta, ¿cómo es que hay compradores dispuestos a comprarla? Si el futuro energético de Puerto Rico se basa en competencia entre múltiples generadores/suplidores, ¿es posible un mercado de energía en Puerto Rico? ¿Cómo se diseñará ese mercado? ¿Cuáles son sus reglas de operación? ¿A beneficio de quién? ¿Cómo se definey crea un marco regulador complejo, inteligente y sofisticado para que no caiga bajo presiones de intereses, sean partidistas o privados? ¿Qué pasará con la red eléctrica? ¿De quién será? ¿Quién le dará mantenimiento? ¿Cuál será su relación con los proveedores?

Ahora mismo FEMA y el cuerpo de ingenieros se están haciendo cargo de la reconstrucción de la red de transmisión, pero el gobierno de Puerto Rico también solicitó préstamos federales para la reconstrucción. Entonces, ¿quién será responsable por esa deuda nueva?

Las transformaciones son complejas y comprenden simultáneamente procesos de destrucción y construcción. Pero, lo que sugiere el gobernador, la privatización en sí misma, no es una transformación. De facto, la AEE ya está privatizada por los mismos partidos políticos que dominan nuestra administración pública, a través de la manipulación de sus recursos humanos, y la captura de los procesos de rendición de cuentas y la transparencia de sus procesos. 

Ahora, durante el proceso de “recuperación” post María, han arrastrado los pies, han manipulado los procesos y han querido reforzar la imagen de una AEE incapaz, ineficiente e intolerable.  Muy efectivamente han aprovechado nuestra desesperación y sentimiento de indefensión para lograr que aceptemos sin cuestionamientos cualquier cosa que nos “garantice la luz”. Pues la privatización de la generación no nos lo garantiza.

Por favor no me mal entienda, la privatización no es mala por sí misma. Esta es una herramienta útil para alcanzar el bien colectivo siempre y cuando el país sepa claramente hacia dónde va. Pero nosotros no sabemos hacia dónde vamos. Lo único que sabemos es consumir electricidad. Nuestros abuelos también decían que al que no sabe para dónde va cualquier camino le es bueno.

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