Félix Jiménez

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Por Félix Jiménez
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Lo que queda

Hatice Cengiz hablaba entre lágrimas, pero fuerte y segura de lo que decía y hacía. Ya su historia, a seis meses del evento, se ha relegado extrañamente en la lluvia de cuentos y rumores que puede a veces ser el mundo.

Su novio, el periodista Jamal Khashoggi, había sido asesinado en Estambul y el misterio de su muerte - que ya no es tan misterioso - la relacionaba con una venganza del volatil príncipe saudí Mohammed bin Salman y sus abusos a disidentes políticos y periodistas.

Así fue.

Y así es.

Y queda la historia.

Cuando muere un periodista, quedan sus palabras. Y las palabras de los que lo conocieron.

Hatice Cengiz estaba a punto de casarse con Jamal.

Nunca pudo.

Quedan sus palabras.

"Cuando Jamal murió, mataron mi vida, mis proyectos, mis sueños. Todo lo que yo tenía".

Cuando asesinaron a Jamal, sus palabras se esparcieron, convertidas en la verdad que ya eran.

Se desplego su historia, su foto. Ahora él, sin palabras, era la historia.

Y los secretos salieron a la luz. Algunos de ellos: Los desmanes del Príncipe, que se ha dicho envió a entrenar a los asesinos, los detalles del brutal desenlace de Kashoggi, como su cuerpo fue desmembrado.

Y la historia entonces - seis meses después - se olvida. Se difumina. No hubo grandes aspavientos, ni ceremonias de recordación, ni flores.

Pero su novia - que lo había acompañado en ese viaje para buscar documentos necesarios para su boda - lleva, como cualquiera puede entender - el alma herida.

Los hijos de Jamal, de un matrimonio anterior, recibieron grandes cantidades de dinero y propiedades de parte del gobierno saudí. Dicen que esa es la costumbre en el país: llenar las manos de dinero a los sobrevivientes de un crimen horrendo y brutal como este. Endulzarles la vida, después de perpetrar un amargo final.

Y lo que queda:

Su cuerpo, los pedazos de él, en algún lugar escondido.

Su novia penando el final que llegó antes del principio.

La barbarie que no acaba.

La historia que le da vueltas al mundo.


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