Lydia E. Ayala

Tribuna Invitada

Por Lydia E. Ayala
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Los apóstatas en el PPD

Los políticos y sus organismos, como todo, son perecederos.  Y, camino a la descomposición, llevan en la mochila su monto de cosechas. 

Esto, claro está, incluye la cosecha de lealtades, que si floreció por conveniencia, en la trayectoria muere.  Más, la lealtad que germina del corazón, la que se eleva por encima de la complexión humana y sus creaciones, la que trasciende los confines del tiempo y salvaguarda raíces, esa es inmortal. 

¡He ahí la lealtad hacia la patria!  En el escalafón, la que se debe al correligionario e institución política, tiene que estar por debajo de la que se debe a la patria.  Es desde ese rostro patrio que el aspirante a ocupar puesto público, particularmente la gobernación, tiene que cuadrar sus pasos.  Es a través de esa lupa patriótica que sus colegas están obligados a evaluarlo. 

Mas, ese cuadre y evaluación no pueden cumplimentarse sobre ambigüedades legalistas, obviando las bases éticas.  ¡Mal cuadrado los pasos de aquel, que así sea para regar sus matas, acepta trabajar con el flagelador de su patria!  ¿Acaso aceptarías laborar con el que apedrea a tu hijo? Y tiene lupa empañada el que desestima lo moral para santificar solo lo legal por protección a hermandades e intereses pecuniarios.  

Ciertamente, no cuestionamos las responsabilidades que los directivos de los partidos políticos tienen con los miembros que dependen de ellos para administrar su colectividad.  Más, como si la hubiésemos parido, esos deberes fiduciarios, que incluyen el cuidado y lealtad, tienen que aplicar también a la patria. Pero no a la par.  Se tienen que aposentar por encima de todo.  

Con su manejo del affaire Ferrer-Prats, el Partido Popular Democrático se aparta de los postulados bajo los cuales se fundó, y marca, diáfanamente, dónde en el escalafón ubica su lealtad a la patria.  Así las cosas, nos parece escuchar en la lejanía el golpeteo de los tambores soberanistas.  Nos parece escuchar los tambores de la ruptura. ¡Por fin! 

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