Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Los asesores

Quizás conocen la película “Room”, nominada en el 2015 a cuatro premios Oscar, que trata sobre una joven que vive encerrada en una pequeña covacha, donde la mantiene cautiva un hombre que la había secuestrado siete años antes y la ultraja periódicamente. Durante el largo cautiverio, la joven dio a luz a un niño que en el momento en que empieza la historia tiene cinco años.

El niño no conoce más mundo que los estrechos confines del cuarto. La madre  le hace creer que lo que hay más allá del cuarto solo existe en la televisión. No teniendo con quién contrastar a la madre, Jack, cuyo único vínculo con el universo es esa joven que trata heroicamente de enajenarlo de la agobiante realidad, para que sea al menos medianamente feliz, crece creyendo que el pequeño cuarto es todo el mundo.

El desenlace que tuvo esta semana el escándalo del chat de Moca hace un poco recordar esta película.

Todo el país vio la gravedad del asunto desde que el senador popular Aníbal José Torres hizo las primeras denuncias el 5 de febrero: altos funcionarios de la administración del gobernador Ricardo Rosselló, cuando no eran  gobierno y estaban en campaña para serlo, habían estado interactuando en un chat de WhatsApp con un juez que había tenido la inconcebible, la insólita  desfachatez, de meterse en política partidista cuando debía estar honrando la toga.

En política, dicen, todo se vale, y podían entenderse, por lo tanto, las reservas que mostró Fortaleza al ser publicada la denuncia de un senador de oposición. No se puede estar cambiando gente, menos gente tan importante, por cuanta denuncia salga por ahí. Pero al menos algún radar debió hacer bip en el Palacio de Santa Catalina. Si pasó, si ese radar se activó, no se sabe.

Quedó claro desde el primer momento que si las denuncias se corroboraban, los dos funcionarios más cercanos al gobernador Rosselló, el secretario de la Gobernación William Villafañe y la secretaria asociada, Itza García, tenían graves problemas. Retumbó por todos los rincones del país el mismo planteamiento: Villafañe y García, quienes son abogados, tenían el deber ético de denunciar las desvergonzadas actuaciones del entonces juez Rafael Ramos Sáenz y no lo hicieron. 

Rosselló, sin embargo, decidió darles el beneficio de la duda. Los mantuvo en sus puestos y hasta los defendió.

El 3 de abril, casi dos meses después de la denuncia del senador Torres, el panorama se complicó bastante.

La Administración de Tribunales emitió un contundente informe en el que  Villafañe y García reconocieron que el chat era genuino y que interactuaron  con Ramos Sáenz.

Otros implicados, entre estos la jefa de la Administración para el Sustento de Menores (Asume), Waleska Maldonado, el vicepresidente de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), Yoniel Arroyo y la asesora en Fortaleza Yesenia Díaz también reconocieron su participación.

No había ya ninguna duda: la controversia era genuina.  Era un buen momento para preparar un plan de salida para los implicados. Pero no pasó.

El gobernador, otra vez, decidió apostar por su equipo y no hizo nada que demostrara que había empezado a entender la gravedad  que venía adquiriendo este asunto. Otra vez, volvió a atrincherarse con su equipo y a defenderlos públicamente. Mientras tanto, como en las películas de misterio, una música ominosa sonaba de fondo cada vez que se hablaba del próximo capítulo de esta saga: la investigación que llevaba a cabo el Departamento de Justicia.

El desenlace llegó el miércoles 2 de mayo, a las 11:00 de la mañana, cuando Wanda Vázquez Garced, actuando como una verdadera secretaria de Justicia (cosa que hace mucho tiempo no se veía en Puerto Rico), emitió un demoledor informe al Fiscal Especial Independiente (FEI) en el que indica que hay causa para creer que Villafañe, García, Díaz, Arroyo y, por supuesto, el notorio Ramos Sáenz, cometieron diversos delitos. Vázquez, además, denunció a García ante las autoridades estatales y federales por presuntamente haber tratado de intimidarla durante la pesquisa.

Ese día el gobernador Rosselló salió por fin del letargo. Horas después de la conferencia de prensa de Vázquez Garced, le aceptó la renuncia a Villafañe y se la pidió a García, a Díaz  y a Arroyo. El exjuez Ramos Sáenz ya había renunciado a la Judicatura.

Se quiso proyectar entonces a Rosselló como un gobernador firme contra la corrupción, deshaciéndose, sin que le tiemble la mano, incluso de su gente más cercana. Pero cabe también la interpretación de los que vieron a un gobernador humillado deshaciéndose abruptamente de gente muy cercana a la que hasta poco antes había estado defendiendo, por razones que todavía no es posible comprender del todo.

Mucha gente ha intentado explicarlo diciendo que el gobernador fue mal asesorado, que le hicieron creer esto o aquello y que no le permitieron aquilatar la gravedad de los hechos.

Francamente, es difícil ver eso como una defensa, pues tales planteamientos en realidad hacen ver al gobernador como una persona ingenua, enajenada de la realidad, incapaz de aquilatar con su propio criterio la gravedad de las implicaciones en este tema y como si fuera alguien a quien un par de inescrupulosos pueden manejar a su antojo.

¿Realmente al gobernador se le hizo creer que la secretaria de Justicia iba a producir un milagro que exonerara a los que han sido descritos como “su mano derecha y su mano izquierda” de actos que todo el mundo ya sabía que eran muy graves? ¿No tiene cerca el gobernador a nadie que pudiera resumirle francamente el informe de Tribunales y le dijera de lo difícil que estaba el panorama para sus allegados?

¿Nadie le dijo “mire, gobernador, esto pinta mal, vamos a salir poco a poco y elegantemente de esta gente para no pasar la humillación de tener que despedirlos a todos el mismo día”?¿Nadie podía decirle “gobernador, quizás no hay delitos, pero eso de estar politiqueando con un juez dice muy mal de la democracia y hay que actuar con firmeza”? ¿Realmente el gobernador fue tan ingenuo como para dejarse asesorar por los mismos implicados en la controversia? ¿Vamos a conformarnos todos con la explicación de que Rosselló, como el niño de “Room”,  fue enajenado de la realidad, como si él no tuviera ni una pizca de responsabilidad?

¿No deberíamos estar muy angustiados imaginando, espantados, en cuantos otros temas los asesores le tienen la visión bloqueada al gobernador?

 El niño de “Room” eventualmente sale de la covacha y conoce el mundo. Al principio, el sol lo enceguece.

Pero con el tiempo se acostumbra a la luz y le va bien. Quizás es hora de que el gobernador salga de su covacha, mire al sol de frente y después de superar el deslumbramiento vea que tal vez no todo es como se lo están contando las personas de su confianza.

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