Julio Capó Jr.

Desde la Diáspora

Por Julio Capó Jr.
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Los bares gay son espacios de refugio y desafío

Por lo menos desde los años 40, espacios como el Pulse en Orlando han servido como santuario y refugio para las personas LGBT. Solamente entrar en un espacio gay significaba un respiro del closet. Allí, los que habían sido rechazados por sus familias, amigos, comunidades o empleadores podrían encontrar una residencia temporal. 

Para algunos, el bar gay era más hogar que el de sus propias casas.  Incluso el riesgo de ataque, acoso o explotación no impidió a personas LGBT visitar estos lugares. El acceso a estos podría ser una cuestión de vida o muerte; los efectos de la depresión y la ansiedad en sus vidas eran demasiado difíciles para algunas personas excluidas por sus familias o pueblos. Bares y clubes gay ayudaron a combatir la soledad. 

También forjaron comunidades sociales y políticas.  Estos establecimientos gay siempre han sido sitios políticos. Su mera existencia es un acto de desafío. Representan los espacios reivindicados de las personas que viven en los márgenes de la sociedad. Tal vez el cuento más conocido es el de Stonewall Inn y la incursión policial de ese bar en Nueva York en 1969. Ese momento historico ayudó a provocar el movimiento gay en los Estados Unidos.  

La importancia de estos espacios gay históricamente ha resonado con las personas LGBT de color, incluyendo los latinos, porque muchas veces su raza, origen nacional o clase social los ponen en mayor riesgo de violencia. No nos podemos olvidar de que ellos estaban en las líneas del frente en Stonewall. Hoy sabemos que casi todas las víctimas en Orlando eran latinas y que la tragedia ocurrió en la noche latina popular del club. 

Sin embargo, los espacios seguros no siempre estaban a salvo. La misma idea de un refugio siempre ha sido impugnada y tenue para las personas LGBT. Bares y clubes gay podrían ser los sitios de gran violencia. Uno de los ataques menos conocidos ocurrió en un bar gay en Nueva Orleans en 1973. Un pirómano quemó el UpStairs Lounge, matando las 32 personas que quedaron atrapadas adentro. Mientras estaban de luto, la comunidad LGBT se organizó de nuevo a pesar de que las autoridades locales hicieron casi nada para obtener justicia para los caídos. 

El gobierno estadounidense respondió a la epidemia de VIH/SIDA con apatía y hostilidad. Durante los peores años, un resultado positivo en la prueba de VIH, o hasta solamente hacerse la prueba para el virus, podría revelar la sexualidad de una persona—y casi nunca en sus propios términos. Estas circunstancias dejaron a las personas LGBT vulnerables a más violencia y prejuicios. Aún así, los bares y clubes gay, las casas de baños, librerías y centros comunitarios planearon eventos para recaudar fondos para los enfermos y sirvieron como sitios de apoyo. Ellos ayudaron a impulsar el mensaje del movimiento político, que el "SILENCIO = MUERTE." 

Es verdad que la aceptación pública de personas LGBT ha incrementado en los Estados Unidos, pero la masacre en el Pulse muestra que persiste el odio y rencor. Cuando las personas LGBT se estaban cayendo a causa del SIDA, muchos estadounidenses declararon que sus muertes eran una retribución de Dios por la homosexualidad. Examinar los medios sociales produce muchos de los mismos sentimientos en las secuelas del ataque en Orlando.

Los espacios gay siguen siendo tan necesarios como siempre. La gentrificación y los mercados inflados son a veces las razones por las que cierran. Varias fuerzas están empujando a las personas LGBT y a personas de color de sus casas, y los espacios de la comunidad pueden ser difíciles de encontrar. Los establecimientos gay, directa e indirectamente, proporcionan servicios sociales y dan apuyo en un momento en que los servicios estatales están retrocediendo rápidamente. 

¿Cómo podemos entender a la tragedia en el Pulse sin reconocer que la política de desplazamiento ha cambiado la población de Orlando en tiempos recientes? Más puertorriqueños han huido a la zona de Orlando que a ningún otro lugar como consecuencia de la crisis de la deuda en la isla, ante la cual el Congreso EE.UU. se niega a actuar. Ellos también están buscando refugio, ya sea en forma de seguridad o empleo. 

Resulta que hasta los espacios seguros pueden convertirse en tumbas. 

Esta columna fue publicada originalmente en The Washington Post. 

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