Rubén A. Rodríguez

Punto de vista

Por Rubén A. Rodríguez
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Los bates boricuas se frizaron a la hora de la verdad

El telón cayó para Puerto Rico con su eliminación ante República Dominicana en el partido de ronda semifinal el jueves y con ella la oportunidad de aspirar al cetro y la posibilidad de coronarse en una Serie del Caribe por primera vez ante su gente desde el 1995.

Fue muy decepcionante el resultado de la gestión de los boricuas en este clásico, pero mucho más lo fue de la forma en que ocurrió.

En una Serie del Caribe en la que nunca hubo un claro favorito y en la que con la excepción de Panamá y Colombia, las fuerzas de los restantes equipos estaban parejas, Puerto Rico buscó siempre la forma para perder, ya fuera por malas decisiones en corridas de bases, pobre defensa -particularmente en los primeros juegos, cuando cometieron ocho errores- y una paupérrima gestión de algunos de sus bateadores con hombres en circulación.

Nuestra plantilla dejó la friolera de 54 corredores en bases en los seis partidos que celebraron, lo que le da un promedio de nueve por desafío. Con hombres en posición anotadora su promedio fue de apenas .188 (10-53).

Estoy bajo la sospecha de que nuestros bateadores se pusieron mucha presión en situaciones como la antes expuesta.

Puerto Rico produjo en términos ofensivos, como lo demuestra el hecho de haber terminado segundo en promedio colectivo en la etapa preliminar, pero  sus bates se frizaron a la hora de la verdad.

Y eso en un torneo tan corto y competitivo como el de la Serie del Caribe es nefasto para un equipo. Puerto Rico siempre le dio las oportunidades a su rival para recuperarse y virar el pizarrón en contra de los nuestros.

Ese batazo largo que pudo haber abierto algunos partidos en favor de los boricuas nunca llegó y al final nos costó caro al quedarnos fuera de las opciones para ganar la corona.

Y créanme que las opciones eran reales, tomando en cuenta la calidad de los participantes en esta edición caribeña.

Por último, tampoco podemos olvidar que surgieron un par de decisiones a mi entender equivocadas de los oficiales, que redundaron en importantes fracasos ante Venezuela y Dominicana (partido del jueves).

La negativa de los árbitros en decretar una interferencia a un corredor venezolano en ruta a la inicial en la décima entrada del partido del lunes “interfirió” en lo que pudo haber sido un triunfo para Puerto Rico.

Mientras que el jueves, los boricuas perdieron una bonita oportunidad de ampliar el marcador contra los Toros del Este de Lino Rivera cuando los oficiales determinaron que no hubo un bloqueo ilegal del receptor dominicano en el plato, aun cuando las imágenes parecieron claras en ese sentido.

Nada le salió bien a Puerto Rico en esta serie. Y lo que pudo haber sido un final glorioso para los fanáticos puertorriqueños en casa se convirtió en otra pesadilla.

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