José R. Acarón

Tribuna Invitada

Por José R. Acarón
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Los "boomers" pueden hacer la diferencia

Casi por finalizar el mes de mayo, Mes de las Personas de Edad Avanzada, no podemos pasar por alto los sobre 1.3 millones de puertorriqueños mayores de 50 años que desafían el paradigma pasivo de la vida después de los 50 viviendo con la misma o mayor intensidad creciendo y aportando al País.  Es momento de romper ese constructo social de miedo y perdida que restringe la vida de más de una tercera parte de la población de Puerto Rico. Nuestra sociedad aun perpetúa estereotipos que minimizan la vida y el potencial de las personas de mayor edad, vinculándolo a ser una carga social cuando representan uno de los mayores activos sociales y económicos por desarrollar en estos momentos de retos.

No obstante, este grupo representa una fuerza social decisiva en la política, en el desarrollo de las comunidades y en la parte económica, tanto produciendo como consumiendo. Por otro lado, ante la migración de muchos jóvenes, son los adultos mayores quienes sostienen en gran medida a Puerto Rico y en unos años serán la mayoría de la población. Por lo tanto, en este Mes da las Personas de Edad Avanzada invito a reflexionar para repensar el rol individual y colectivo del adulto mayor, para sacarlo del encasillado de carga y dependencia donde se pretende ahogar su potencial. Miren a su alrededor y verán gente mayor de 50 años que siguen trabajando y haciendo voluntariado en su comunidad con ahínco y esperanza, sin ninguna intención de quitarse ni estar sentados en la casa. Son caras con experiencia y coraje que están haciendo patria fuera de líneas políticas.

 Hay que repensar a Puerto Rico, pero repensando nuestra visión de los adultos mayores para desafiar tajantemente los estereotipos obsoletos del envejecimiento, para lograr una integración multigeneracional que sirva como zapata para el futuro de la Isla.

Recordemos que históricamente todo país sale eventualmente de las crisis y nuestra Isla no será la excepción. Tenemos que estar en sintonía con nuestra realidad demográfica y las oportunidades del futuro donde el adulto mayor es uno de los principales protagonistas, no un mero espectador.

Removamos la venda que tenemos para ver el futuro, donde se acepte el envejecimiento como algo que se espera con orgullo.  Que se vea el envejecimiento como un periodo de crecimiento continuo, no de decadencia. Que se reconozcan las oportunidades del desarrollo personal no importa la edad, no únicamente los desafíos.  Y, por último, que los adultos mayores se vean a sí mismo como colaboradores y actores de la sociedad.  Rompamos con los estereotipos para desafiar la edad, porque Puerto Rico necesita la fuerza del adulto mayor para cosechar la esperanza de nuestro futuro como colectivo, con manos y mentes de experiencia para el desarrollo del País. 

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