Jeirca M. Medina Pagán

Tribuna Invitada

Por Jeirca M. Medina Pagán
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Los cascos urbanos, ¿condenados a morir?

Muchos puertorriqueños recuerdan con nostalgia haber visitado el casco urbano de su pueblo, donde se concentraba gran actividad económica. Es común escuchar historias de “ir al pueblo” para comprar telas, ropa, calzado, muebles, en fin, todo lo que se necesitaba.

Con el desparrame urbano, la proliferación de centros comerciales, cambios en la tecnología y la globalización, muchos de centros urbanos quedaron en el olvido y unos pocos se resisten a morir.

Entonces, en nuestro ambiente empresarial actual, en el que la forma de establecer negocios está en constante cambio, ¿hay esperanza para nuestros centros urbanos?

Esa fue una de las primeras preguntas que me hice cuando acepté ser directora ejecutiva de Puerto Rico One Foundation. Una de sus metas principales es desarrollar y rehabilitar los cascos urbanos cercanos a universidades, para desarrollar “ciudades universitarias”. Esto se promoverá mediante un esfuerzo multisectorial que une estudiantes, residentes de la comunidad, comerciantes, profesores y actores con interés legítimo en desarrollar una ciudad que les sirva y sea sostenible. Para lograrlo hay considerar todo el ecosistema que rodea los centros urbanos.

Recientemente, se ha comentado la posibilidad de eximir del Impuesto de Ventas y Uso (IVU) a los pequeños y medianos negocios (pymes) que se establezcan o estén ubicados en un casco urbano, para incentivar el desarrollo en dichas zonas.

No es la primera vez que la Asamblea Legislativa y el gobierno central buscan incentivar ese tipo de desarrollo. En 2002 se creó la “Ley para la Revitalización de los Centros Urbanos”, la cual declara como política pública fortalecer y repoblar los centros urbanos. Otras leyes especiales han sido creadas para fomentar el desarrollo de centros urbanos, como la Ley 178-2000 que busca crear el Distrito Teatral de Santurce o la Ley 75-1995 para la Rehabilitación de Río Piedras.

Al momento, los mencionados estatutos no han alcanzado el fin que perseguían. Sin embargo, persiste la esperanza de que puedan ser aprovechados y cumplan su objetivo.

Tras el huracán María, Puerto Rico se ha convertido en un lienzo prácticamente en blanco en el que podemos dibujar la isla que deseamos y descartar los esquemas de uso y costumbre que hace tanto tiempo no nos rinden frutos.

Ahora más que nunca se necesita apoyo humano para forjar la sociedad que deseamos. Debemos aprovechar esta oportunidad de reconstrucción, tanto los fondos que vendrán del programa CDBG-DR, como la inversión privada a través de la Ley de Zonas de Oportunidad, para implantar la política pública establecida en 2002.

No obstante, nos toca a nosotros, los puertorriqueños, exigir un desarrollo sostenible que satisfaga las necesidades de los constituyentes.

Asimismo, que el desarrollo de los cascos urbanos no ignore las fallas del pasado, que pueden resumirse en falta de infraestructura, transportación confiable y seguridad.

Los cascos urbanos tal vez no recuperen el resplandor con el que los recordamos, de la misma manera que Puerto Rico nunca será el mismo después de María.

Sin embargo, tenemos la oportunidad de reinventarnos e insertarnos en la discusión ciudadana para lograr ese cambio. Estoy segura de que ese compromiso nos dirigirá a un Puerto Rico que responde a nuestra realidad y el cual va a estar diseñado con miras al futuro.

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