Silverio Pérez

Punto de vista

Por Silverio Pérez
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Los cien años y un lustro de mi padre

El pasado jueves, mi padre cumplió 105 años de edad. Aunque a usted le parezca extraordinaria su edad y más aún su lucidez, él no lo percibe como algo tan fuera de lo común. Tan así, que insiste en que le llevemos al optómetra pues cree que hay algo malo en sus espejuelos que no le permiten ver bien, y se molesta cuando no logra escuchar con claridad lo que se comenta en las noticias. Pero con lo poco que oye y ve es suficiente para decirme que las cosas en Puerto Rico no van bien y que el tipo ese del pelo amarillo que manda en los Estados Unidos le cae mal.

Cuando cumplió los 100 años hice un recuento de acontecimientos que nos permitieran aquilatar su longevidad. Les recuerdo algunos. Nació el 20 de junio de 1914 en el barrio Camarones de Guaynabo y le llamaron Silverio porque así lo determinaba el almanaque Bristol. Ocho días después comenzaron los acontecimientos que culminaron en la Primera Guerra Mundial.

Mi papá se transportaba a caballo a su trabajo de carpintero. Mientras, en Estados Unidos, Henry Ford no parecía estar conforme con el caballo como medio de trasportación y estaba perfeccionando su modelo T de automóvil.

En las primeras elecciones luego del nacimiento de mi padre ganaron los unionistas: Luis Muñoz Rivera salió electo comisionado residente y el poeta José de Diego fue electo presidente de la Cámara de Representantes. Papi tenía tres años en marzo de 1917 cuando se les impuso la ciudadanía americana a los puertorriqueños.

Una tranquila mañana del 11 de octubre de 1918, la casita de madera en la que vivía se movió como un acordeón. En el barrio se comentó el resto del día aquel temblor de tierra que en el sur y oeste del país produjo olas de 18 pies y que se inundaran las plazas de muchos pueblos costeros.

A los ocho años escuchó a su papá conversar sobre la llegada al país de algo que le llamaban la radio, una caja con botones muy curiosos que permitía escuchar conversaciones de personas que estaban lejos.

A los 19 años se casó, y el día que le nació su tercer hijo, enviudó. Mientras manejaba el duelo, escuchó por la radio un revolú que había ocurrido en Ponce el Domingo de Ramos de 1937. Ese revolú resultó ser la Masacre de Ponce.

A los 25 años visitó en San Juan a una tía que vivía en la barriada La Perla. Desde el balcón que daba al mar, la tía le señalaba hacia unas manchas negras que se atisbaban en el horizonte. Eran submarinos nazis. Se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial.

Yo nací el año en que Muñoz Marín se convirtió en el primer gobernador electo de Puerto Rico. Muñoz no contó con su voto. En 1954 se inauguró en Puerto Rico otra caja maravillosa: la televisión. El primero que hubo en mi casa fue en 1965 cuando me gradué de cuarto año.

Papi ya lleva cien años y un lustro, ha sobrevivido a diez papas… y sigue en las papas.

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