Luis Vega Ramos

Punto de vista

Por Luis Vega Ramos
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¿Los Colt .45 de Carlos Correa contra los Expos de Puerto Rico?

Los Colt .45s de Carlos Correa, José Altuve y Houston eliminaron a mis Mulos del Manhattan. Y ahora van contra los Expos de Puerto Rico y Dave Martínez. 

¿Los Colt .45s de Correa? ¿Los Expos de Puerto Rico? Permítanme refrescarles la memoria. 

El equipo Astros de Houston es una de las franquicias resultantes de la expansión de la Liga Nacional de 1962. Sin embargo, su nombre inicial no estaba basado en la mirada futurista de Houston como la base del programa espacial estadounidense. Todo lo contrario, su nombre original miraba al pasado de los vaqueros y de su pistola favorita, “la que conquistó el Viejo Oeste”.  La Colt .45. 

No es hasta que se inaugura en 1965 su nuevo parque, el mítico Astrodome (que algunos bautizaron entonces como la octava maravilla del mundo y donde los boricuas Cheo Cruz y Dickie Thon escribirían grandes páginas del béisbol boricua) que la franquicia cambiaría su nombre. 

Curiosamente, el primer juego que se jugaría en el domo con grama artificial (que pasaría a conocerse como “AstroTurf”) fue nada más que con los Yankees de Nueva York, en abril de 1965. Los Astros le ganaron 2 a 1 a unos Mulos que venían de perder la pasada Serie Mundial con los Cardenales de San Luis y que empezarían su larga sequía hasta 1977. Entonces los conocí, a mis siete junios, de la mano de mi padre que, como Luis Muñoz Marín, era fanático del equipo de Joe DiMaggio. 

En 1969 hubo otra expansión de franquicias en el MLB, otorgándose una al Montreal de Canadá. Su nombre sería los Expos, en honor a la exitosa Exposición Mundial de 1967 celebrada en dicha ciudad. 

En su vida canadiense, los Expos fueron un equipo de altibajos por el que pasaron estelares (e inmortales) como Randy Johnson, Vladimir Guerrero, Dennis y Pedro Martínez. Sus mejores temporadas fueron las de 1981 y 1994 en las que conquistaron títulos divisionales. 

Comenzado el sigo 21, los Expos estaban en dificultades económicas y bajas de asistencia, lo cual llevó al equipo a una especie de sindicatura en la que los demás equipos —a través del MLB— fungían como sus dueños. Esa circunstancia particular permitió que se autorizara que para la temporada del 2003, los Expos jugaran una tercera parte de sus juegos locales ¡nada más y nada menos que en el Hiram Bithorn! Instrumental en ese logro fue la empresa MB Sports de la familia Muñoz. 

Esa temporada del 2003 fue particularmente maravillosa para la fanaticada puertorriqueña. En la plantilla Expo estaban los boricuas José Vidro, Javier Vázquez y Wil Cordero. También jugaron con los Expos de Puerto Rico el dominicano Vladimir Guerrero y el cubano Liván Hernández. El dirigente era el inmortal Frank Robinson, que había sido el primer negro en dirigir en Grandes Ligas, honor que Néstor Duprey afirma, en un libro reciente, le pudo haber disputado Roberto Clemente si el destino lo hubiera permitido. 

El experimento de los Expos de Puerto Rico funcionó. La asistencia local de los Expos, gracias a los juegos en el Bithorn, sobrepasó el millón de fanáticos por primera vez desde el 1997. Ayudó mucho que vinieron equipos importantes como los Mets y los Bravos, así como que los Expos estuvieron en pelea por el “comodín” de la Nacional casi hasta el final, cuando los Marlins de Iván “Pudge” Rodríguez lo agarraron y comenzaron un increíble tránsito al triunfo en la Serie Mundial (frente a mis Yankees).

Tan exitosa fue la “maroma” de prestarle los Expos a Puerto Rico que se reprodujo en el 2004. Pero la magia no fue la misma del año anterior. Ya los nubarrones de que la franquicia sería vendida y movida a otro lugar eran obvios. Muchos pensaron que podíamos competir por ella, pero al final, unos empresarios se la compraron al MLB, la mudaron a Washington, DC y para la próxima temporada serían los “Nationals” de DC aunque llegaran de Quebec vía San Juan. De nuestros boricuas, solo hizo el tránsito a la capital federal José Vidro. 

Tras la hazaña de Alex Cora el año pasado, Dave Martínez tiene la posibilidad de ser el segundo dirigente boricua en alzarse con el trofeo de campeón mundial. Nacido en Brooklyn de padres boricuas y dominando el español tarde en la vida, le dijo a la prensa beisbolera tras ganar la Nacional, que iban a la Serie Mundial “con Dios y la Virgen”. 

Por culpa del Tribunal Supremo federal, tuve la suerte de estar en el parque cuando los “Expos” de Martínez ganaron la Nacional. Feliz coincidencia porque una de las memorias más gratas de mi vida fue ir, junto a mi viejo y buenos amigos, a prácticamente todos los juegos locales de los Expos de Puerto Rico. 

Si lo hubiéramos dejado para el otro año, a mi viejo y a mi se nos hubiera hecho tarde para disfrutar una vez más la experiencia de comer maní, darnos algún refresquito y discutir quien era el mejor de todos los tiempos en esta o aquella categoría, mientras se jugaba en un Bithorn repleto. Otra grata memoria que le debo al béisbol. 

Así que aunque no tenga en el terreno de juego a mi uniforme favorito de los “pinstripes” niuyorquinos, confieso que me disfrutaré mucho esta serie ente los Colt .45s de Carlos Correa (y Cheo Cruz y Dickie Thon) y los “Expos de Puerto Rico” y de Dave Martínez (José Vidro, Javier Vazquez y Wil Cordero). 

¡Play ball!


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