Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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Los debates en torno al feminicidio nos distraen

Parece mentira que alguien se atreva a decir que en Puerto Rico no hay feminicidios, negando la violencia de género que nos azota. Increíble resulta escuchar a los que todavía dicen que es un asunto privado entre parejas. Peor aún es el cinismo retrógrado de quienes dicen que las mujeres son culpables de su maltrato y provocadoras de sus asesinatos. Tanta ignorancia explica, en gran medida, la falla de denuncias y prevención. 

El maltrato hacia la mujer fue consentido por siglos. A partir de los movimientos mundiales de lucha por los derechos humanos, y la creación de leyes de protección a la mujer en el siglo XX, comenzamos a documentar y comprender mejor las formas en que este crimen había existido y quedado impune. A estas alturas, la humanidad debería rechazar la idea de la violencia de género como expresión folclórica admisible o inevitable. Triste es tener que aceptar que el problema no ha disminuido a pesar de algunos adelantos jurídicos.

Indudablemente, los feminicidios son un grave problema social. Desconocemos la cantidad real de casos pues los informes oficiales no ofrecen un censo fidedigno de su dimensión total. A este complejo problema se suman los discursos públicos-políticos que enredan el asunto en vez de atajarlo. Para identificar y trabajar con efectividad un problema tan serio se necesita claridad conceptual, datos fehacientes, una óptica seria, comprehensiva y sensible en la búsqueda de soluciones pero, sobre todo, férrea voluntad de acción. 

Nos distraemos discutiendo mientras mujeres siguen muriendo. Un debate reciente gira en torno a cómo se define “feminicidio” y su relación con la violencia doméstica, de parejas y de odio. Otros discuten las causas, si de psicopatología individual o aprendizajes de patrones culturales. Las estadísticas también son materia de debates. Policía, tribunales, Registro Demográfico y gobierno someten números que no concuerdan. Las organizaciones de ayuda y vigilancia contra la violencia de género revelan números diferentes. Nada coincide. Florecen  acusaciones de ocultación de evidencia y manipulación de datos. A la larga, la nebulosa cuantitativa contribuye a la normalización de esta violencia porque la encubre. 

Otros debaten estrategias o modelos; se alega que tratar el problema desde un modelo punitivo no funciona porque el sistema carcelario no rehabilita al agresor de género. Reconocemos los problemas del modelo penal y carcelario actual pero antes de plantearnos la utopía de eliminar cárceles o penas criminales, debemos recordar cuatro cosas: (1) indiscutiblemente, todo tipo de violencia de género es criminal y requiere justicia para las víctimas, (2) eliminar consecuencias punitivas sin propuestas alternas abona a la impunidad de los agresores y al deterioro social, (3) no debemos hablar del fracaso jurídico-penal sin evaluar con profundidad minuciosa y cruda la forma en que no se aplican, o mal se aplican, las leyes existentes, y (4) poco podremos hacer para erradicar los feminicidios si no estamos dispuestas a trazar su eliminación como un proyecto social de prioridad, unitario, comprehensivo, trans-partidista y a largo plazo en la reconstrucción de un futuro distinto en Puerto Rico. 

Para eliminar la violencia de género, muchos paradigmas sociales tienen que cambiar. Debe abordarse como macroproyecto de pueblo y no como oferta político-partidista. Mientras tanto, necesitamos devolver el estudio de la perspectiva de género al sistema educativo público y que el sistema de justicia criminal no confunda ni ablande las consecuencias a los agresores. El machismo tóxico ha demostrado contundentemente lo fácil que es su transformación hacia la violencia criminal. Evitemos razonamientos que exculpan, disculpan, o simplemente no hacen nada.

A la mujer-madre maltratada poco le importan los debates mencionados porque lo que necesita ayuda, soluciones y urgente salvación junto a sus hijos. Cuando se vive en estados de emergencia y peligro, cada minuto cuenta. Mientras debatimos, señora gobernadora, alguna mujer está siendo maltratada o en peligro de perder su vida. Recuerde que en días feriados esta violencia aumenta. Tome acción pronto reconociendo la emergencia social. 

Aproveche la oportunidad de pasar a la historia como la mujer gobernante que se atrevió a implementar la semilla de un proyecto efectivo y definitivo contra la violencia de género del cual un nuevo Puerto Rico pueda sentirse orgulloso de ser un país donde el respeto a la dignidad de todos prevalezca como valor supremo.

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