José R. Nadal Power

Tribuna Invitada

Por José R. Nadal Power
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Los derechos de admisión

Los últimos dos procesos de admisión de nuevos estados que se dieron en el Congreso de los Estados Unidos, los de Hawái y Alaska, confirman que sin una estrategia efectiva de desarrollo económico, Puerto Rico nunca será considerado seriamente para ser admitido como estado, aunque los puertorriqueños apoyaran tal solicitud.

Por ello, afirmar que el desarrollo económico solo vendrá una vez Puerto Rico se convierta en estado federado, es un grave error que cometen algunos líderes estadistas, incluyendo al gobernador Ricardo Rosselló y a la comisionada residente Jenniffer González. Eso no solo hace mucho daño a los puertorriqueños sino que realmente aleja aún más una hipotética estadidad, ya que el Congreso ha sido claro en que dicha condición política no es para hacer rico a un territorio, sino al revés, tienes que ser rico para poder ser estado.

Ahora que el gobierno de turno pretende distraer nuevamente al país con la “Comisión de Igualdad”, es indispensable recordar que en el Informe del Comité de Asuntos Insulares que el Congreso acogió para admitir a Hawái como estado en 1959, se expresa que aunque la Constitución de los Estados Unidos no establece requisitos específicos para la estadidad, entre los parámetros que debe considerar el Congreso está el que el estado propuesto tenga suficientes recursos para sufragar el nuevo gobierno estatal y su cuota de los costos del gobierno federal. 

El documento destaca que “no estaba abierta a dudas” la capacidad de Hawái de mantener un gobierno estatal y pagar su cuota al gobierno federal, al cual de hecho ya pagaban en impuestos más que diez estados existentes.

Durante el proceso de Alaska, en 1957, el Congreso ya había sido igual de claro. En dicho territorio se pagaban las contribuciones federales, y las millones de hectáreas con recursos minerales, petróleo y otros, en comparación con su reducida población, garantizaban suficientes recursos para el nuevo estado. Como parte del proceso de admisión, el Congreso, además, autorizó la transferencia de decenas de millones de hectáreas al gobierno estatal, debido a que el gobierno federal era propietario del 99% de las tierras en Alaska.  Son situaciones muy distintas a las de Puerto Rico.

La estadidad no creó las riquezas de Hawái, Alaska ni las de ningún otro territorio que haya sido admitido como estado de los Estados Unidos. La riqueza y las condiciones para la misma existían previamente. El Congreso ha sido claro en que solo se admite como estado al que pueda pagar y sostenerse, nunca al revés. La estadidad no es un modelo de desarrollo económico sino una condición política a la que se puede acceder una vez se demuestre que se tienen los recursos para sufragarla.

Son momentos para todos remar en la misma dirección. El talento y las condiciones para el desarrollo futuro de Puerto Rico están a nuestro alcance, pero tenemos que aprovecharlos.

Nos conviene a todos, ya que ni la estadidad llegará a Puerto Rico sin una economía que permita asimilar sus costos, ni tampoco es viable la independencia sin una economía que pueda aguantar una transición hacia dicha condición política.  Sin importar nuestras preferencias sobre el estatus político, resulta fundamental que los que creemos en la autonomía, junto con estadistas e independentistas, nos enfoquemos en una misma misión de desarrollo. 

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