Natasha Lycia Ora Bannan

Punto de Vista

Por Natasha Lycia Ora Bannan
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Los disparates coloniales de Trump

El #Veranode2019 nos marcó la vida. El motivo fue claro: hartera de politiquería corrupta, burlas asquerosas y la clase política que juega con las vidas de los puertorriqueños y las puertorriqueñas, dejándolas expuestas a la precariedad perpetua y políticas violentas. El país sacó a un chorro de corruptos que se creían mejor que el pueblo que gobernaban, que se auto-halagaban por saquear al país y que hacían declaraciones ofensivas que evidenciaban su desprecio por las condiciones que se viven en la cotidianidad isleña.  

Parece que Donald Trump no aprendió la lección. A través de sus tuits – que es donde él dicta la política pública y posiciones oficiales del gobierno estadounidense – sigue atacando a Puerto Rico porque sus gobernantes lo critican. Si hay algo que caracteriza a los corruptos es el narcisismo, la ineptitud y la fragilidad. Lo que no pueden aguantar son las burlas y críticas, por más que viven burlándose de la gente. Para ellos, las diferencias políticas son personales.  

Donald Trump es la encarnación viva de la corrupción. Por eso la reconoce tan fácilmente cuando la ve en otros. Sus últimos señalamientos por Twitter en víspera del huracán Dorian no son nada más que un intento fracasado para llamar atención de los corruptos y las corruptas en Puerto Rico y para desviar la atención de su propia incompetencia, ignorancia, privilegio blanco e ineptitud total de no saber ni poder responder a ningún tipo de desastre – natural o no. La negligencia criminal, el abandono y la discriminación sistemática de su gobierno después del paso del huracán Maria dejó miles de cadáveres que aún reclaman justicia. ¿Su respuesta? Asegurarle al pueblo que él es “lo mejor que le ha pasado a Puerto Rico.” 

Tuiteó que en Puerto Rico está el “sistema político roto” y es cierto. El colonialismo nunca ha funcionado ni fue diseñado para liberar a la gente. Pero el país que lo mantiene y le niega el derecho a la autodeterminación no solamente está roto, sino podrido. Ese mismo país delegó su responsabilidad colonial a una junta de control fiscal, compuesta de ejecutivos que vienen de las mismas instituciones que endeudaron al país, que se lucraron y siguen lucrándose de la crisis económica, que les ha regalado contratos multimillonarios a abogados y contratistas y que donaron a las campañas políticas de los congresistas que los seleccionaron. Al mismo Donald Trump le han demandado por fraude y evasión de los impuestos, le han investigado por corrupción y colusión al atacar y desmantelar el sistema electoral, y lo han denunciado por acoso sexual, racismo, xenofobia, homofobia e islamofobia. ¿De dónde y de quién se aprendió a vivir de la corrupción y el odio?  

Los corruptos como Trump temen que se les señale su incompetencia, pues le venden al mundo la imagen de ser exitosos en la vida. Seguramente tomó notas de la cátedra que el pueblo puertorriqueño le dio a los corruptos y a la clase política este verano. Teme que vengan por él. Porque a todo corrupto le llega su hora. 

La autora es abogada de LatinoJustice PRLDEF.

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