Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Los efectos de “portarse como un hombre”

La perspectiva de género es un tema que ha generado mucha controversia en el país. El debate por la carta circular de perspectiva de género se ha recrudecido durante el último mes por el compromiso del gobernador electo, el Hon. Ricardo Rosselló, con sectores religiosos conservadores, de eliminar o modificar la carta circular.

Esta decisión debe ser una que nos preocupe a todos y todas. Las decisiones acerca de políticas públicas dirigidas a la equidad en nuestra sociedad no deben estar basadas en la desinformación, el prejuicio y mucho menos en acuerdos con sectores particulares que pretenden imponer sus valores al resto de los ciudadanos. Estas deben estar basadas en la mejor evidencia científica, en las mejores prácticas para el desarrollo socioeconómico del país y en principios que promuevan la sana convivencia y la equidad.

Exploremos un poco por qué esta carta circular es necesaria. A pesar de que hemos avanzado como sociedad hacia la equidad entre hombres y mujeres todavía resta hacer muchos cambios. Varios estudios en el área de equidad de género nos indican que todavía hay indicadores que apuntan a la desventaja social en la que viven las mujeres. Por ejemplo, la disparidad en salarios por el mismo puesto, el acceso a posiciones de poder a nivel gubernamental y en el sector privado, las altas tasas de violencia en contra de la mujer y el pobre acceso a profesiones que tradicionalmente han sido profesiones de hombres.

Solamente debe darse usted un paseo por las facultades en las múltiples universidades del país para notar la división por género que existe. Áreas de estudio como el magisterio, la psicología, enfermería y el trabajo social están dominadas por mujeres. Por otro lado, en programas como el de ingeniería, medicina y leyes todavía predominan los hombres. ¿Piensa usted que esto se debe a las capacidades que cada cual posee? Con certeza le puedo indicar que este no es el caso. Las investigaciones en ciencias sociales indican que nuestros estereotipos influyen grandemente en las decisiones ocupacionales que toman nuestros jóvenes.

Los estereotipos, no solo afectan las decisiones ocupacionales que toman los jóvenes, sino que afectan su desempeño académico. El psicólogo social Claude Steele acuñó el término amenaza del estereotipo. Este término se refiere al impacto que tienen los estereotipos, implícitos o explícitos, en el desempeño de una persona en una tarea específica. Por ejemplo, existe un estereotipo de que los hombres son mejores en ciencias y matemáticas que las mujeres. Si una mujer que está tomando un curso de matemáticas y el profesor o profesora le da el mensaje de que generalmente las mujeres no salen bien en su clase, este estereotipo puede afectar el desempeño de la estudiante en el curso.

La amenaza del estereotipo es una de las razones por las cuales hay mujeres que comienzan pero no terminan en programas de estudios tradicionalmente de hombres. Otra razón por la cual algunas mujeres no entran o terminan estos programas de estudio son las dinámicas machistas que se generan. Las conductas machistas generan ambientes de incomodidad y exclusión que limitan las relaciones sociales de muchas mujeres y su avance académico y profesional.

En la discusión de la perspectiva de género, la gran falacia ha sido que esto es un asunto que solo afecta a mujeres y personas con una orientación sexual que no se ajusta a la heteronormatividad. Nuestra socialización al género afecta de igual manera a los hombres. Desde pequeños los hombres reciben mensajes acerca de cuáles son las emociones que pueden manifestar y cuáles no. “Los hombres no lloran”, “tienes que ser fuerte”, “pórtate como un hombre”. Además, reciben mensajes acerca de su sexualidad. Comenzando con la celebración del pene del nene, el cual queda plasmado en muchas fotos de niñez, hasta los mensajes acerca de la necesidad de tener varias parejas sexuales para realzar tu hombría.

Esto resulta en hombres que en la adultez tienen problemas expresando la tristeza, asumen conductas violentas, son sexualmente promiscuos y se involucran poco en la crianza de sus hijos/as. Además, la construcción del hombre como ente que tiene que demostrar su fortaleza tiene implicaciones en la salud de estos, ya que muchos evitan ir a los doctores. En el peor de los casos, evitan hacerse pruebas como la prueba de la próstata por sentir que el proceso reta su masculinidad.    

¿Y qué de las decisiones educativas de los hombres? Aquellos hombres que son suficientemente valientes para transgredir los espacios educativos y laborales que han sido reservados para las mujeres son blanco de conductas y comentarios prejuiciados. A estos hombres se les cuestiona su masculinidad y su orientación sexual. En este grupo se encuentran los enfermeros, peluqueros, y en cierta medida los maestros, particularmente en grados pre escolares.    

Todo esto evidencia la necesidad que tiene nuestro país de implantar la perspectiva de género de manera transversal en el currículo de nuestras escuelas públicas. Organismos internacionales como las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud ya se han pronunciado a través de este acercamiento como estrategia para reducir las disparidades entre hombres y mujeres. Este acercamiento tiene grandes implicaciones para la reducción de la pobreza de las mujeres y la reducción de la violencia de género.

La responsabilidad de educar hacia la equidad no puede dejarse solo en las manos de la familia ya que esta visión no es compartida por todos y todas.  Las repercusiones sociales, económicas y políticas de la inequidad hacen de esta política pública un imperante para el Estado. Es hora de ser valientes y resaltar la moralidad de la equidad por encima de lainmoralidad del discrimen y el prejuicio. Es hora de que esbocemos un proyecto de país que potencie el desarrollo pleno y saludable de todos y todas.  

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