Jorge Duany

Punto Fijo

Por Jorge Duany
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Los escritores nuyoricans

Los orígenes del término “nuyorican” se remontan al éxodo boricua hacia Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El primer uso literario del vocablo fue el poemario de Jaime Carrero, “Jet neorriqueño/Neo-Rican Jetliner” (1964). Desde entonces, se han propuesto múltiples variantes de este gentilicio, entre ellas “niuyorrican” y “nuyorriqueño”, para captar las identidades híbridas de los emigrados boricuas en Nueva York. Muchos residentes de la Isla actualmente clasifican como “nuyoricans” a todos los descendientes de puertorriqueños nacidos, criados o residentes en Estados Unidos.

Aunque existe una literatura escrita por puertorriqueños en Estados Unidos desde finales del siglo 19, el movimiento “nuyorican” comenzó a mediados de la década de 1960. Este movimiento se institucionalizó con el Nuyorican Poets Café, establecido en 1973 por Miguel Algarín y Miguel Piñero. Otros autores fundacionales fueron el precursor literario Piri Thomas, Pedro Pietri, Tato Laviera y Sandra María Esteves. Los iniciadores del café se apropiaron del término “nuyorican”, para subrayar el carácter bilingüe y bicultural de la comunidad puertorriqueña en Nueva York.

Por más de cuatro décadas, el Nuyorican Poets Café ha provisto un espacio clave para representaciones públicas de la poesía, la música, el teatro y las artes visuales. El café comenzó como un lugar de reunión informal para escritores y artistas de origen boricua en la sala del apartamento de Algarín en el East Village de Nueva York. Tras alquilar un antiguo bar irlandés entre 1975 y 1980, los organizadores mudaron el café a su local actual en un pequeño almacén remodelado en el Lower East Side de Manhattan, ahora conocido como “Loisada”.

Muchos de los miembros originales del café –entre ellos Piñero, Esteves, Laviera y Bimbo Rivas– convirtieron al vecindario de “Loisada” en uno de los ejes temáticos de su escritura. Buena parte de su poesía documentaba y denunciaba los problemas sociales de los barrios marginales de Nueva York, como la pobreza, la criminalidad y la adicción a drogas. Al mismo tiempo, la poesía “nuyorican” era una señal de resistencia colectiva ante circunstancias adversas. Desde mediados de los años setenta, el café ha impulsado a varias generaciones de escritores, desde los pioneros Pietri y Víctor Hernández Cruz, hasta la obra más reciente de Caridad de la Luz (“La Bruja”) y María Teresa “Mariposa” Fernández.

La literatura “nuyorican” contenía numerosas referencias autobiográficas, donde predominaban el idioma inglés, la jerga callejera, el realismo, la política subversiva y una ruptura con los modelos literarios de la Isla. Muchos autores articularon una imagen mítica de Puerto Rico y sus raíces africanas e indígenas. Los escritores “nuyoricans” compartían mucho con autores pertenecientes a otras minorías estadounidenses, como los afroamericanos y chicanos, en su rechazo de la opresión racial y de clase, la autoafirmación étnica, el lenguaje no estándar y la búsqueda de nuevas formas de expresión. El movimiento “nuyorican” desafió al canon literario centrado en la Isla, especialmente mediante su preferencia por el inglés y su mezcla con el español, el llamado “Spanglish”.

Durante la década de 1980, la literatura de la diáspora boricua entró en una etapa denominada como “post-nuyorican” o “diasporican”, para utilizar el neologismo acuñado por la poeta “Mariposa”. Varios autores, como Judith Ortiz Cofer, siguieron escribiendo narraciones autobiográficas o cuentos y novelas sobre la experiencia de criarse en Estados Unidos. Algunos, como Esmeralda Santiago, se distanciaron del énfasis del movimiento nuyorican en el deterioro urbano, la violencia, el coloquialismo y el radicalismo.

Los cambios recientes en la escritura puertorriqueña en Estados Unidos forman parte de la creciente incorporación de la escritura étnica dentro de una corriente multicultural de la literatura estadounidense, así como de un pequeño auge de la literatura latina desde la década de 1990. Además, los puertorriqueños en Estados Unidos se han dispersado cada vez más del núcleo original neoyorquino.

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