Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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Los estadistas, igual que Trump, desmienten la realidad

El presidente Donald Trump es considerado por los expertos como el mandatario nacional más débil en la historia de los Estados Unidos. Trump se sostiene solamente por el poderío que ha mantenido y aún ejerce EEUU en el mundo.

Los hechos de los primeros meses muestran su escaso conocimiento en la política. Las incertidumbres de su campaña siguen palpables sin brújula. Los legisladores norteamericanos y líderes mundiales están a la expectativa y en escepticismo.

En recientes encuestas su máxima aprobación popular es un escaso 41%. Uno de los peores presidentes fue Leslie Lynch King, Jr. (1974) y tuvo una aprobación popular de un 45% durante su mandato.

Aunque para la tradición política de EEUU los primeros 100 días del presidente son significativos, a Trump le importa un pepino; no le interesa la opinión pública ni menos los reportes mediáticos diarios sobre su fracaso. Es un presidente con escasos recursos diplomáticos, por lo que esquiva lo más que puede a los reporteros.

Hasta la fecha ha decepcionado a sus seguidores con las promesas de campaña: crear un sistema de salud nacional y derogar el Obamacare, construir un muro en la frontera con México y mejorar el Servicio de Rentas Internas (IRS). En ninguna de sus propuestas tiene el absoluto apoyo de la Cámara Baja ni del Senado. Entre las 593 posiciones disponibles del gabinete presidencial ha nominado solamente a 50. La renuncia de su asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, por el escándalo “Conexión Rusa” es un golpe que no ha podido neutralizar.

¿Y qué tiene que ver el presidente Donald Trump con la debilidad de los estadistas?

Si el presidente de los EEUU es débil, más débiles son los estadistas. Pero la debilidad no es en realidad el punto de referencia o indicativo de no tener el poder de ejecutar legislaciones ejecutivas. Ambos lo hacen a capricho. Va más allá de esa egolatría.

Recientemente, Trump dio muestras de su ignorancia política y falta de conocimientos históricos de la nación que dirige. En una reciente entrevista en washingtonexaminer.com, comentó que “…de Andrew Jackson ser presidente (1829-1837) nunca hubiera ocurrido la Guerra Civil (1861). Porque Jackson fue un presidente de carácter fuerte”. Los historiadores norteamericanos concuerdan que la causa principal que ocasionó el conflicto entre las dos facciones El Norte (Unión) contra El Sur (Confederación) fue la esclavitud. Los del Sur querían mantener la esclavitud por la explotación de la mano de obra en las fincas. Los del Norte estaban en contra porque iban vía a la industrialización y necesitaban trabajadores asalariados.

Jackson era dueño de esclavos, conservaba una cultura machista y fue el mayor propulsor en quitarles tierras a los nativos (Cherokee Nation v. State of Georgia, 1831). ¿Cómo hubiera sido posible que Jackson evitara ese conflicto bélico interno en la historia de EEUU? La falta de conocimientos políticos y hechos históricos demuestra la incapacidad de Trump de mejorar la situación política y económica de EEUU.

No existen hechos ni evidencia para presentar un análisis crítico que sostenga que los estadistas están en una posición sólida para pedir la anexión. Todo lo contrario, la debilidad de los anexionistas recae en que, al igual que Trump, desmienten la realidad. Y los acontecimientos en el país demuestran que sus decisiones y legislaciones están dislocadas de las necesidades reales de una población socialmente irritada. Sus avances dependen de los imaginarios logros del presidente republicano de EEUU respaldado por un huraño Congreso despreocupado por la estadidad.

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