Edna Lee Figueroa

Desde la Diáspora

Por Edna Lee Figueroa
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Los Grammy y las mujeres como objeto

Tengo una antena para ver televisión en casa en Nueva York. No tengo cable, vivo con lo necesario, tener cable no es una necesidad, al menos pa’ mí no.

Cuando veo televisión es un evento en particular: las olimpiadas, premiaciones como los “Óscares”, Premios Tony (de teatro en Broadway), Emmy; tú sabes, eventos como ésos que dan en los canales básicos. Pues los veo con una antena.

Ayer cuando terminé de hacer mi trabajo me metí a Facebook y me hicieron recordar que estaban dando los Premios Grammy Latinos, así que los sintonicé. ¡A buena hora, ‘dito sea dioj! El táquititáquiti del reggaetón, las mujeres casi esnúas siendo usadas como utilería una y otra vez. U-na-y-o-tra-vez… No soy nada puritana ni hipócrita. Si una mujer se quiere vestir con poca ropa, que lo haga. Lo que me hierve la sangre es que en los eventos estos, lo hacen en casi cada número musical: mujer = objeto que se remenea al ritmo de la música y el tipo en el medio o alrededor de ellas tapao’ hasta la cabeza y dizque cantando.

Ay mira, que no me diga nadie que lo que hacen es cantar. ¡Hasta ahí! La manía de algunos cantantes buenos que “pa’ estar en algo” hacen colaboraciones con el táquititáquiti. Dale sustancia a ese táquititáquiti y te lo compro, mientras tanto no.

Me sometí al masoquismo de ver lo más posible del programa con la ayuda del botón de “Mute”. En un momento dado, ¡Eureka!... un cantante bien vestido, con caché, guitarra en mano cantando con PODER. No sé cómo se llama, no alcancé a oír su nombre cuando lo presentaron. Admito que hay un montón de esos cantantes que no sé quiénes son. Él solo ahí. Él me detuvo, me hizo activar mis cinco sentidos, sí los cinco.

Otro momento que me atrapó fue cuando Marc Anthony cantó. Mami me contó una vez que un día se sentía algo triste y se puso a escuchar al susodicho - el único CD que tiene de él - con la canción “Voy a reír, voy a bailar, vivir mi vida, lalalalá” (la cantaste, lo sé); se puso a bailar y su estado de ánimo mejoró. Me la imaginé cantando y bailando y eso me hizo muy feliz. Ay, la música y su poder.

Ná, una reflexión incitada por las ganas de tirarle con algo al televisor cada vez que cantaban porquerías con mujeres como objetos, y por la sensación de admiración cada vez que un Artista (con “A” mayúscula”) cantó y/o bailó en el mismo escenario.

Ay, si la gente viviera su máximo potencial, si no se conformaran con la mediocridad, si dejaran la vagancia intelectual, si sintieran orgullo por la creatividad, si tuvieran más deseos de aprender. Tanto “si, si, si”. Tanta condición del condicional. Pero es que, sí. SÍ.

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