Juan Lara

Tribuna Invitada

Por Juan Lara
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Los hostigadores de los bonistas

Gran parte del problema en la Autoridad de Energía Eléctrica es el alto costo del tipo de corriente que genera y distribuye. En todas partes del mundo, la corriente alterna —a diferencia de la corriente directa—es, una que cambia de dirección en forma periódica. Menos en Puerto Rico; aquí corriente alterna quiere decir cuatro años popular y cuatro penepé. Eso es lo que nos han pasado por el enchufe, y la factura, a las últimas dos generaciones de puertorriqueños.

Esta es una de las razones principales por las cuales los cuatro miembros “exógenos” de la Junta de Supervisión Fiscal rechazaron el acuerdo que se había negociado entre la AEE y sus bonistas. El único arreglo posible para la corporación, como ellos lo entienden, es la privatización. Punto. Y la verdad es que difícilmente se puede imaginar una solución definitiva para la politización crónica de la AEE que no sea la privatización.

Recientemente, uno de los representantes del interés público en la junta de directores de la AEE, Carlos Gallisá, denunció que hay políticos de ca rrera que tienen hasta siete familiares “enchufados” en la corporación, y que algunos legisladores obligaron a la autoridad a tomarle prestado al fracasado Banco Gubernamental de Fomento para bajar artificialmente las tarifas en períodos electorales. Aparte de eso, todos sabemos de la práctica inveterada de los políticos de legislar subsidios para grupos de electores a costa de todos los abonados de la AEE.

Parece ser ya un hecho que la corporación va camino a un proceso parecido a la quiebra bajo el título III de PROMESA, y parece ser también que va encaminada a la privatización. Ambos procesos despejan muchas incertidumbres, pero también plantean interrogantes nuevas. Cómo será exactamente esa privatización, y qué consecuencias tendrá para el futuro energético en Puerto Rico, son preguntas que no tienen una contestación predefinida. En gran parte dependerá de lo que decida la jueza Laura Taylor Swain, o el magistrado federal al que le toque el caso, y de cómo los puertorriqueños nos las ingeniemos para influenciar el proceso para el bien de todos.

Y no olvidemos a los bonistas. Hay quienes los descartan sin más, como si fueran los malos de la película. Sin embargo, ¿por qué tienen ellos que pagar la mayor parte de la factura por las consecuencias de dos generaciones de politización en la AEE? Los bonistas no son hermanas de la caridad, ni indefensos recién nacidos, pero son los que financiaron la infraestructura de la que sale la electricidad que usamos a diario. Si queremos una AEE privatizada que funcione como debe ser, alguien, con capital privado, la tiene que financiar. No será fácil conseguirlo si nos hacemos la fama de hostigadores de bonistas.

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