Osiris Torres

Tribuna Invitada

Por Osiris Torres
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Los intocables

Los llamamos honorables son ampliamente reconocidos por la sociedad y gozan de un poder que creen ilimitado. Se hacen llamar a sí mismos, en la atmósfera donde pululan, "los intocables".

Llegan a la palestra política impulsados por un deseo: unas veces fidedignamente con intención de ayudar, pero el sistema los corrompe; otras, y diría que es la mayoría, con el único propósito de engrandecerse a costa de los demás, pisoteando a todos a su paso de una forma u otra. 

Se caracterizan principalmente por mentir sin escrúpulos, culpar a otros de sus desmanes y malas decisiones, son jactanciosos y muy prepotentes. Los vemos al inicio en cuánta actividad comunitaria, visitando constituyentes y en todos los programas habidos y por haber, presentando obras a tutiplén. 

Luego, cuando se afianzan, lo único que hacen es posar para la cámara haciendo que hacen, repitiendo incluso escenas de predecesores u oponentes y de "media tour" la mayor parte del tiempo. Su presencia dejó de significar la llegada de ayuda para convertirse en la presencia de un semi dios a quien sus vasallos rinden pleitesía y temen diferir o disentir con ellos e incluso a quiénes la ciudadanía en general deja de ver con buenos ojos por lo que, en su apatía, abandonan toda esperanza de acudir a las urnas por un cambio quedando a merced de quiénes usualmente le cargan las maletas a cambio de jugosos beneficios en un principio...limosnas al final.

Cometen delitos, financieros en su mayoría y suelen salir impunes por complicidad de sus pares, las instituciones partidistas y de justicia, la ciudadanía y los medios. Nos quejamos de ellos con familiares, amigos, vecinos y en las redes. Sin embargo, a la hora de la verdad, los volvemos a elegir o dejamos de salir a ejercer el voto para removerlos dejando de ejercer el derecho que tenemos de ser jefes, señores en nuestra casa. Ellos son como nuestros hijos: puestos en posiciones de poder por nuestra voluntad y con nuestra bendición para tomar decisiones que nos ayuden a todos y a quiénes hay que dar lecciones sino obedecen. Aun así, los dejamos crecer y evolucionar cual hijos engreídos y malcriados sin una mano firme que los corrija. Los apoyamos, incluso de forma incondicional, a pesar de sus errores y, no sólo les hacemos un daño a ellos, sino que perpetuamos su régimen de impunidad, irresponsabilidad e hipocresía.

¿Cómo este tipo de 'honorables' se hacen intocables? Sumémosle a todo lo anterior una imagen superficial bien paga por un poder adquisitivo que proviene de inversionistas y hasta fondos públicos. Agregue además los 'frenos indebidos' a publicaciones producto de investigaciones serias de periodistas que se respetan y nos respetan, por razones que sólo ellos conocen. Y todo ello, adórnelo con la mal llamada 'disciplina de partido'.

Así nacen los intocables: son producto de nuestra desidia electoral, ceguera partidista y la imagen publicitaria que pueden pagar. Con ello, ocultan sus desmanes y presentan la imagen que quieren que veamos extrapolada a lo que verdaderamente son. Los hemos exaltado en estatuas, los alabamos nombrando con ellos calles y edificaciones y hasta los defendemos cuando algún atrevido los ataca con evidencias culposas que los desenmascaran, desgarrándoles el velo de la imagen publicitaria.

Sin lugar a dudas, su halo y apariencia intocables la hemos creado nosotros. Queda pues, de nuestra consciencia y actos futuros el dejar a un lado el fanatismo ideológico, la desidia y dejadez electoral, crear consciencia individual y colectiva y exigirles acción en la palabra. Exigirles menos publicidad y más honorabilidad. Y con ello, exigir también a los medios sean honestos con nosotros. Porque con su poder investigativo pueden y deben develar a la luz del sol todo lo que los “honorables” ocultan. Sólo así comenzarán a perder terreno, se reduciría el riesgo a la impunidad y nosotros como pueblo influenciaremos para que se postulen nuevos y mejores candidatos.

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