Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Los invencibles

Está a punto de empezar el que quizás sea el capítulo más doloroso de esta larga pesadilla de crisis fiscal en la que hemos estado enredados ya por más de diez años.

El próximo presupuesto va a contener los primeros recortes a las pensiones de tres de cada cuatro retirados de gobierno. Más de 100,000 boricuas de la tercera edad, en el momento en que menos pueden valerse por sí mismos, van a recibir recortes de entre 5% y 25% de su cheque mensual.

Se oponen el gobernador Ricardo Rosselló y la Legislatura. Se oponen casi todos (algunos significativamente no se han expresado con total claridad) los líderes del Partido Popular Democrático (PPD). Se oponen los legisladores del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP). Se oponen sindicatos y otras organizaciones. Se opone, vamos, todo el que tiene sangre en las venas.

Nada de eso importa. La ley no tiene alma y, en este tema de las pensiones, la ley es la de los mercados de valores de Estados Unidos.

Explicarlo a grandes rasgos es relativamente sencillo: cuando el fondo del que se pagan las pensiones empezó a vaciarse –porque estaba mal diseñado desde el principio y porque a veces se usó para otros propósitos–, los gobiernos, en vez de hacer ajustes en las aportaciones o en los beneficios, empezaron a tomar prestado para tratar de volverlo a llenar.

Fueron inversiones muy malas, por las que quizás debía haber gente en los tribunales, aunque no la hay. Por eso, el fondo volvió a vaciarse muy rápido, ya no se puede volver a arreglar tomando prestado y hoy hay demasiada gente pendiente de lo poco que queda ahí.

Las leyes financieras de Estados Unidos dicen que los que prestaron dinero para el pote de las pensiones tienen prioridad sobre los pensionados con respecto a lo que queda en dicho pote. En otras palabras: los bonistas, incluyendo los buitres, tienen más derecho a ese dinero que nuestros queridos pensionados.

Bajo esas reglas, sabiendo que si esto se iba a pique el prestamista tenía prioridad sobre el pensionado, jugaron nuestros gobiernos y perdimos. Lo malo es que la consecuencia no la pagan quienes tan irresponsablemente actuaron. La paga “Míster Cruz”, el ficticio maestro del que se habló hace un par de semanas en esta columna, a quien, en las postrimerías de su vida, cuando más necesita, por ejemplo, para medicinas, le van a tumbar tremenda tajada de su pensión.

Da mucho dolor que esto esté pasando. Y da mucho dolor también ver a la clase política que causó este problema no parece tener ni una idea sensata para solucionarlo y se han dedicado durante los pasados días a lo mismo de siempre: a repartirse culpas entre ellos.

En momentos como estos, los países serios se ajustan la correa, dan un paso al frente y resuelven. Pero nuestra clase política no ha demostrado haber aprendido la lección.

El gobernador dio un mensaje, el jueves, para manifestar su oposición al recorte de las pensiones. Dijo cosas con las que es difícil no estar de acuerdo, como por ejemplo, cuando sostuvo que los afectados por el recorte “dieron sus mejores días a Puerto Rico” y que muchos “ya sufren haciendo arreglos para pagar sus medicinas, su comida, su casa, el agua y la luz”.

También dijo, y es cierto, que reducir las pensiones “ocasionaría una crisis social con serias repercusiones en el comercio y la economía”.

Fue emotivo, empático y hasta desprendido al convocar a otros sectores a unírsele a la lucha. Solo le faltó una cosita: una propuesta específica para manejar el simple problema matemático de que no hay dinero suficiente para que el gobierno de Puerto Rico pueda pagar a la misma vez pensiones, deuda y servicios.

Rosselló dijo que su gobierno ha hecho ahorros de $1,400 millones que le permiten hoy pagar las pensiones tal como ahora. No dijo, sin embargo, qué va a pasar cuando le toque al gobierno pronto empezar a pagar deuda del mismo pote del que ahora se pagan el funcionamiento de cerca de 140 agencias y las pensiones.

Del lado del PPD, la cosa no es distinta. Fustigaron a Rosselló por haber esperado hasta ahora para actuar, dado el caso de que desde el primer plan fiscal que le aprobó la Junta de Supervisión Fiscal –que Rosselló hizo suyo en todas sus letras en aquella famosa conferencia titulada “Rosselló Prevalece” en un jardín de Fortaleza–, ya incluía recortes de pensiones.

El presidente del PPD, Aníbal José Torres, dijo que ese partido “está en la mejor disposición de colaborar en todo esfuerzo para ayudar a los pensionados”.

Pero tampoco presentó propuesta específica alguna para salvar las pensiones. No estar en gobierno no es excusa para no proponer qué hacer; hace poco más de dos años, los populares estaban a cargo del revolú ese. Los que estaban a cargo de los fondos eran populares. Pueden, si quieren, si tuvieran el talento, si su interés fuera otro más que ganar las próximas elecciones, hacer una propuesta específica, de dónde cortar, qué eliminar, a quién cobrarle más, para que las pensiones puedan pagarse tal como ahora, si eso fuera posible.

En un país en el que a diario nos enteramos de un nuevo gasto escandaloso (ahora fueron los drones de $75 comprados a $500 a un donante del PNP), resulta difícil creer que no hay dónde cortar para que las pensiones se salven o al menos el recorte no sea tan violento. Pero, recortar aquí, o recortar allá, puede significar dejar sin guiso a uno, o a varios amigos.

Por eso no hemos visto, durante los diez largos años de esta crisis del demonio, ningún intento serio de rehacer ese armatoste grande de gobierno que ha hecho al país hundirse con él, porque hacerlo significa sacarle la alfombra de abajo a quienes sostienen a esos partidos.

Creían, muchos, que la llegada de la Junta de Supervisión Fiscal iba a librarnos de la tragedia de tener que seguir dependiendo de esos dos. Se equivocaron otra vez, pues el efecto ha sido justo lo contrario: la presencia de la Junta les ha dado la cobertura que necesitaban para seguir refugiándose en la politiquería, dejar que otro haga lo difícil y tener ellos a quién culpar.

Ellos son invencibles y siempre salen bien. Nosotros, no.

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