Julia Nazario Fuentes

Tribuna Invitada

Por Julia Nazario Fuentes
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Los judíos borinqueños

El motivo de esta columna es hacer una aportación de nuestra experiencia en Loíza con la comunidad judía en la isla. Aunque las palabras surgen luego de las expresiones vertidas en otra columna de la periodista Wilda Rodríguez, a quien he leído con interés durante años y a quien distingo como profesional e intelectual puetorriqueña, no pretendo entrar en controversias.

Ya de eso tenemos demasiado en Puerto Rico, y por eso quiero contarles cómo ha sido nuestra experiencia con lo que yo llamo los judíos borinqueños, que han sido muy generosos con las comunidades necesitadas luego del paso de los huracanes Irma y María.

Particularmente los miembros de las Sinagogas de Miramar, David Solomiany y Diego Mendelbaum, del Centro Comunitario Judío y Sinagoga Shaare Zedeck entre otros, han estado muy atentos a nuestras comunidades, ofreciendo alimentos, agua, cientos de toldos, servicios médicos e incluso nos han ayudado en el municipio a adquirir con otro municipio en Estados Unidos la tan necesitada ambulancia que ayudará a atender a tantos loiceños en sus urgencias de salud.

Es cierto que los judíos, como tantas otras minorías étnicas, sociales, religiosas o sexuales alrededor del mundo, han sufrido el discrimen y la marginación. En Loíza también hemos experimentado eso durante muchos años. Pero no más. Durante la administración de esta alcaldesa no vamos a dar paso a más discrimen. Estamos dando paso a más oportunidades, mejor educación, acceso amplio a nuestros valores culturales, folklóricos, deportivos y de otros tipos.

En ese sentido, el haber compartido por primera vez con los miembros de la comunidad judía en la isla, nos ha llevado descubrir que somos muchísimo más parecidos a lo que pensábamos. Ya desde los tiempos de la colonización española, los judíos han estado en Puerto Rico como parte integral de las comunidades, particularmente en los temas relacionados al comercio, como también lo hacen tantos inmigrantes del Levante Mediterráneo, sirios y palestinos, entre otros.

Como parte de la generosa ayuda que hemos recibido de lo que denomino los judíos borincanos, también gestionaron ayuda internacional por medio del United Jewish Appeal (UJA), una organización que agrupa entidades filantrópicas que desde 1939 han acudido al auxilio de comunidades que han sufrido catástrofes naturales en todo el mundo.

En Loíza nunca olvidaremos aquel domingo de octubre cuando un avión lleno de jóvenes de esa organización llegó a nuestras costas a ofrecer ayuda en Colobó y Villa Colobó. Llegaron conociendo al detalle lo que habíamos vivido luego del paso del huracán Irma y luego de María, semanas después. Con esta corta reflexión, quiero públicamente agradecer a los judíos borinqueños y a todos los seres humanos de buena voluntad de tantos grupos y nacionalidades que nos han ayudado durante los pasados semanas y meses.

Ciertamente en Loíza no estamos muy atentos a los colores de la piel de la gente, a las religiones que profesen o las filosofías que defiendan, siempre que abracen la fraternidad y la diversidad. Somos así, porque también hemos vivido el discrimen. Pienso que el mundo es muy pequeño para seguir dividiéndolo en parcelas. Vamos a vivir unidos y ayudándonos; les aseguro que se siente fantástico.

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