Huáscar Robles Carrasquillo
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Los legisladores y Dios

Si algo aprendimos del nuevo video de Vico C es que comparar a Oscar López con Jesucristo es meterse en camisa de once varas.

En momentos en que el país avala las peripecias de la libertad religiosa, quien habla por dioses o héroes jura pero no tiene labia.

Es ese el reclamo de los legisladores que apoyan esta “libertad”: que de alguna forma son ellos quienes hablan por Dios, ventrílocuos peritos que dan vida a dogmas muertos.

Tal empresa resulta risible; tanto Johnny Méndez como Tata Charbonier practican su religión hace años.

No son embajadores de un Dios sino de un partido. Le rinden pleitesía al hombre y son cuerpos mismos del exagero.

Detrás de su simulacro de equidad lo que vive es la forma más pura y espesa del odio. La libertad de uno es siempre la cárcel de otro. Nadie, repito nadie les ha pedido a ellos interceder por Dios – ni Tata o Vico C .

Si ese Dios es tan todopoderoso, ¿por qué necesita tantos embajadores en la tierra?

Pienso que cualquier deidad escogería mejores representantes de su marca divina, gente compasiva, inteligente, que conozca el otro y se ame a sí misma.

Cuando yo era niño, la religión no era sino un infierno, un lugar donde rescindir control para que otro u otros hablaran por mí. Así muchos dejaron de hablar y Caguas entero quedó en silencio.

Y ahí está el problema: cuando callamos somos cómplices de mayores mocedades.

Mientras defienden a Cristo, a Tempo o al templo, la Junta nos roba autonomía, las escuelas se hacen polvo y el capital humano se pierde.

De nada vale un Dios en un país sin almas.

A mí no me molesta dejar las cosas en manos de algún Dios, pero dejarlas en las de Tata es como darle petardos a un niño en el cuatro de julio.

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