Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Los líos de San Juan

De todo el cúmulo de noticias que han salido en estos días sobre el Municipio de San Juan, una de las más sustanciosas se refiere a cierta organización con sede en Minnesota, que se dio el lujo de pagar los boletos aéreos, hoteles y comidas, no solo a las personas a las que homenajearon en un evento-aniversario, sino también a sus acompañantes.

Todos los que hemos asistido a congresos fuera de Puerto Rico, o a entregas de premios, o a cualquier otro evento literario, científico, social, o de la naturaleza que sea, sabemos perfectamente que por lo general le pagan el pasaje y los gastos a uno solo: al invitado. Si éste desea llevar acompañante, tendrá que cubrirse los gastos.

Que esa organización, que se dedica a dar apoyo a mujeres migrantes víctimas de maltrato, haya pagado el pasaje y el hotel a la homenajeada, en este caso la alcaldesa Carmen Yulín Cruz, y a dos funcionarias más, que nadie sabe a lo que fueron, no puede ser normal, sobre todo cuando casi el 80 por ciento de los ingresos de dicha organización proviene de subvenciones o donativos del Gobierno federal, y del estatal.

Un noticiero latino de Minnesota, al reseñar la actividad, que tuvo lugar el pasado 31 de mayo, aseguraba que se habían levantado $25,000 esa noche entre donantes privados. Yo pensé que si a esos $25,000 les restan, aparte de los gastos lógicos de la cena, los boletos aéreos, el hotel y las comidas de las invitadas, que no solo eran las que viajaron desde Puerto Rico, sino varias, pues se agotaría el monto de lo recogido en eso.

En definitiva, si se trata de un esfuerzo que busca recaudar dinero para atender a las mujeres migrantes víctimas de maltrato (decenas de miles en los Estados Unidos y aquí mismo en la Isla), creo que la alcaldesa debió poner su granito de arena pagándose su propio pasaje, que puede. Ni ella, ni las funcionarias que la acompañaron, debieron permitir que una organización que tiene que dar cuenta hasta del último centavo que recibe, les pagara los boletos aéreos y el alojamiento, que no habrán salido muy baratos.

Aparte de los runrunes politiqueros, en los que no hay que entrar, la verdad es que ya es casualidad que un empresario tocado por la fortuna, que desde hace tiempo ha sido privilegiado con jugosos contratos por el Municipio, sea el hijo de una influyente figura de otra organización para migrantes, muy vinculada a la de Minnesota, que también fue homenajeada el mismo día.

Habría que ver si las empresas del contratista, o el contratista en su carácter personal, apoyaron financieramente la actividad, ya que él estuvo allí, compartiendo con su mamá y su jefa. Tal vez por esa razón algunos han pensado que él costeó los pasajes, no de manera directa, sino ayudando desinteresadamente a la organización. Debieran aclararlo.

Más allá de esto, como todos sabemos, el ambiente en el Municipio de San Juan parece estar cargado. Abundan las murmuraciones, intrigas, renuncias, despidos, y hasta la sombra deuna presunta investigación federal, que nadie confirma. Los que se fueron, o resultaron “idos” por las razones que ellos conocerán, anticipan “espasmos” emocionales y consultas con abogados, lo que nos pone la carne de gallina. ¿Quién termina pagando siempre los platos rotos y los abogados, y hasta los arreglos que se hacen antes de llegar al tribunal? Los contribuyentes, que ni la comemos ni la bebemos, ni vamos a ver juegos de pelota en Minneápolis.

Es más, con la prisa y las noticias que se canibalizan unas a las otras, van quedando muchas preguntas en el tintero.

Por ejemplo, ¿por qué no han vaciado el mal llamado Museo de Vida Silvestre (que mejor debió llamarse de Extinción Silvestre, por los tantos animales cuyas muertes han contribuido a la lenta desaparición de la especie), y siguen gastando tiempo y electricidad en mantener a los cadáveres, humillados en aquella horrible postal de Navidad de 2011? Aún recuerdo la mirada agónica de la gacela, clavada precisamente en el entonces alcalde, Jorge Santini, mientras el tigre le devoraba el cuello. A la gacela, no a Santini.

La alcaldesa ha sido muy condescendiente todos estos años —con el dinero de los domiciliados en el municipio, claro— pagándoles a los expertos que cuidan de los ejemplares disecados, y cargando con los gastos que genera la conservación. Ejemplares que, para colmo, nunca le han pertenecido a San Juan, sino que están en calidad de préstamo. Me imagino que en estos meses, después de que se anunciara el cierre del Museo (que se cerró, pero los animales están dentro), habrán surgido los ruegos de los cazadores para que la alcaldía los siga reteniendo y cuidando por un tiempo, mientras ellos habilitan un lugarcito en el hogar para poner el ñú.

San Juan, como ciudad, tiene demasiados problemas y hay muchos sectores abandonados. No hay que ir muy lejos, de Río Piedras se habla hasta el cansancio, pero Hato Rey, saliendo de lo que es el trozo de la Milla de Oro, no está mucho mejor. Recorran lo que antaño fue una calle de pequeños negocios, no opulentos, pero sí productivos, como es la calle Guayama, para que vean lo que es la decadencia extrema. La misma avenida Roosevelt languidece. No hablo de los agujeros en las calles, cada día más hondos, y que no son responsabilidad del Municipio, hablo de la ruinas, el afeamiento, la proliferación de letreros y trastos.

La esperanza hay que ponerla aquí. No en la “casa” de otros.

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