Ingrid Vila Biaggi

Tribuna invitada

Por Ingrid Vila Biaggi
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Los lobos

Sin duda, “crisis” debe ser el vocablo más usado en Puerto Rico. Abusar de una palabra, repetirla hasta el cansancio, puede vaciarla de su contenido. Se habla hoy de la crisis como sinónimo del abismo, de la degradación, del caos. Sin embargo, el término se deriva del griego “krísis”, que significa “decisión” y del verbo “kríno”, que significa “juzgar, separar”. Su connotación no es negativa.

En ese sentido, Puerto Rico necesita crisis, como el origen de la palabra sugiere, para propiciar cambios y decisiones en pro del bien común. Lo que Puerto Rico no necesita es la crisis hueca que nos venden los políticos para justificarse. Esa crisis que resulta de un interés perverso por encubrir su propia incapacidad de gobernar, achacándole el fracaso al servicio público para así adelantar la agenda neoliberal. Esa crisis que le sirve de confort al político, permitiéndole abandonar las posturas por las que fue electo usando como excusa la propia crisis.

Parecería que algunos en la clase política han tomado un curso doctoral con Maquiavelo, quien señalaba en “El príncipe” que un líder debe estar dispuesto a variar sus lealtades según la fortuna y las circunstancias lo requieran. Debe aparentar compasión, integridad y hasta religiosidad, mientras desafía la bondad y la confianza del pueblo que lo eligió. Algo así como el lobo vestido de oveja o de abuelita en las fábulas infantiles.

Mientras en el escenario internacional, desde el presidente del Banco Mundial hasta el papa Francisco alertan que las políticas neoliberales generan desigualdades abismales y atropellan el medio ambiente, en Puerto Rico todavía encuentran terreno fértil. Lo vemos en el plan fiscal y en los temas de energía y educación. Los políticos las catalogan como áreas “en crisis”. Y toda crisis tiene su batería de cabilderos.

En todas vemos cómo desangran el aparato para luego atosigar decisiones que vienen a beneficiar a unos pocos, cerrando el cerco a la participación amplia y la transparencia que la democracia nos debe garantizar. Para atender la precariedad fiscal, resultado de una irresponsabilidad crasa por la que debería ir gente presa, se presenta como solución el empobrecimiento de la clase trabajadora y la amenaza directa a la universidad y el medio ambiente, por no mencionar la imposición de una junta fiscal.

En el caso de la energía, la reforma del 2014 se quedó corta en atender los temas medulares de conservación, eficiencia, cambio climático y maximización de la energía renovable. Todo por el empeño de empujar la intervención privada en el sistema eléctrico. Ni hablar de lo que hoy en día se negocia con los bonistas. La gran tragedia es que los mismos partidos que han saqueado la Autoridad de Energía Eléctrica, ahora la quieren vender en pedazos. Ya pasó con nuestro sistema de salud.

La discusión acerca de la reforma educativa sigue el mismo libreto. No hay duda que el Departamento de Educación necesita una transformación. El país entero coincide. El problema es que desde el Gobierno se destruye el servicio público para viabilizar la privatización. Es un negocio redondo. Muy similar al esquema del incinerador: se crea un monopolio que le garantiza estudiantes y dinero federal al privado para operar. Se argumenta que lo que se busca es replicar modelos privados exitosos para las escuelas fracasadas. Parecería que se busca más la supervivencia de modelos privados que se están quedando sin matrícula.

Además, es difícil entender cómo se pretende mejorar el sistema desvalorizando el magisterio. Con menos pompa y mayor enfoque en atender los problemas que dificultan la labor del maestro se lograría más. Haría más sentido replicar los modelos públicos que han mostrado éxito para ir transformando, pero, desafortunadamente, esos directores escolares no tienen cabilderos. Si los expertos en la materia, maestros y profesores universitarios han levantado bandera con esta propuesta, ¿a quién debemos prestar atención? ¿Al maestro o al político?

Maquiavelo asume que el líder siempre encontrará víctimas a quien engañar, pues el pueblo juzga por apariencia y son pocas las veces que está en contacto con el político para conocerlo a fondo. Pero el pueblo es más sabio que eso y ya conoce a los lobos.

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