José Ettiene Ortiz Medina

Tribuna Invitada

Por José Ettiene Ortiz Medina
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Los míos también se fueron en la guagua aérea

La crisis económica, la falta de oportunidades, la desesperación, el anhelo de una mejor vida y hasta el coraje con nuestros gobiernos mueven a muchos al extranjero.

Sigue en aumento la emigración y si bien todos sabemos que se exacerba el problema, no es hasta que nos toca de cerca que nos damos cuenta de la gravedad.

En los pasados años he visto como más de una decena de amistades y conocidos míos se han mudado en busca del “sueño americano”. Solo en los pasados dos o tres meses, el número se ha triplicado.

La calle en la que crecí en Ponce y la cual solía ser el centro de vida de jóvenes con mucha energía, hoy solo evidencia la situación crítica de nuestra isla. Mis 10 amiguitos del vecindario, hoy adultos con familias, se fueron en busca de ese anhelado mejor futuro.  

Otros buenos amigos también residen en Orlando, Boston y Houston, entre otras ciudades de Estados Unidos. Más y más personas consideran la opción de mudarse, y ¿quién las puede juzgar? El gobierno, el partidismo que ciega y la corrupción le han robado el encanto a la isla. 

Si bien me entristece la partida de amigos y conocidos (algunos que quizás nunca volveré a ver), no me quiero imaginar el dolor de los familiares que los que migran dejan acá. Aquellos que ven desde la distancia y a través de las redes sociales cómo sus hijos o familias se desenvuelven en su nuevo entorno. Aquellos padres jóvenes que tienen que enfrentar el distanciamiento con sus pequeños, cuando la madre decide irse. No es fácil, y más en nuestra cultura de apego familiar.

La solución no parece cerca; al momento no veo tan siquiera la luz al final del túnel. Las medidas de austeridad siguen aumentando y la Junta de Supervisión Fiscal seguirá encaminada a su meta. En medio de toda la complejidad fiscal, está el éxodo de los más jóvenes, parte grave del costo humanitario de la crisis en Puerto Rico.  

El futuro y la esperanza de detener esta ola de emigración están en creer en nosotros mismos, en los negocios de aquí, en darle las herramientas necesarias a nuestros emprendedores, en detener la corrupción, y en la capacidad de concertar y crear una propuesta de país.  

A los que nos quedamos, la pregunta es ¿cómo estamos aportando a nuestra recuperación en nuestro día a día? ¿Somos parte de la solución o solo estamos sobreviviendo?

La guagua aérea de la década de 1950 regresó... y esta vez con capacidad para llevarse a muchos, muchos más. 

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