Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Los niveles explosivos de la frustración en el Paro Nacional

No creo que nadie pueda condonar o justificar actos vandálicos como los que ocurrieron el 1 de mayo. Dañar o destruir propiedad privada o pública, no adelanta ninguna causa, la empeora. De manera que no es el fin  de este artículo justificarlo. No obstante, para entender por qué surgen es necesario explorar las teorías de la violencia testimoniadas en la literatura. Entender para subsanar, evitar que vuelva a ocurrir.  ¿Qué mueve a las personas actuar violentamente? La violencia tiene causas multifactoriales. Sin pretender agotar la lista, Diane E. Papalia, en su libro Desarrollo Humano, menciona entre otras las siguientes: inmadurez de la corteza prefrontal, privaciones económicas, ambiente familiar coercitivo o, por otro lado, extremadamente liberal, la creencia de que la vida nos ha tratado injustamente, conducta antisocial reforzada, influencia del macro sistema. Pero, el común denominador en toda causa de violencia es la frustración. John Dollard y colegas, postulan en su reciente libro la tesis que la agresión es consecuencia de la frustración. Antes, un grupo de psicólogos de la Universidad de Yale publicó un trabajo en el que se afirmaban que la agresión es, probablemente, la consecuencia de la frustración. Esto es, que la conducta agresiva presupone siempre la pre existencia de la frustración.

Entonces, ¿cuál ha sido la frustración, pobremente canalizada, de estos jóvenes que vandalizaron la “Milla de oro”. ¿Por qué el pueblo está gravemente frustrado? Tratemos de entender.   En primer lugar, se ha impuesto una tara inmerecida a la clase trabajadora, ya que no ha sido la que ha disfrutado de ese torrente de dinero tomado prestado. Para añadir más dolor a la herida, no ha habido intenciones del gobierno de auditar la deuda, para saber, al menos, cómo se llegó a esa deuda y quiénes se han beneficiado. Si es constitucional, legal o no.  Hay frustración, por las claras contradicciones del gobierno. Por un lado, se pide medicina amarga al pueblo trabajador, pensionados y universitarios, pero, por otro lado, se siguen contratando funcionarios con salarios ajenos a un país sumido en la crisis.  Una Secretaria de Educación con un salario nunca jamás visto, ni siquiera en los años de mayor pujanza económica. En vez de eliminar agencias se crea otra y se nombra un súper secretario de seguridad pública. Hay frustración porque en la Legislatura, con el beneplácito del Gobernador, se nombran, de forma viciosa, políticos derrotados, amigos y familiares para asesorar en áreas donde o no han demostrado peritaje o han fracasado en el pasado. Para agregar leña al fuego de la frustración, se le pide al pueblo trabajador, pensionados y estudiantes sacrificios, mientras la Junta de Supervisión Fiscal,  contrata por medio millón de dólares a una extranjera, dinero que no se queda aquí. En fin, hierve el pueblo en frustración por ese mar de contradicciones, a la población se le pide austeridad, pero el gobierno gasta sin control.  

Finalmente, el País ha estado condenado a mantener financieramente una estructura del gobierno cuyo número fatídico parece ser 78: 78 legisladores, 78 alcaldías, cientos de jefes de agencias públicas, con miles empleados de confianza. Sabemos que no son necesarios tantos enchaquetados, pero no existe la voluntad para ponerle coto a tal despotismo. Demasiada burocracia y aristocracia para un país de 100 por 35. ¿No es razonablemente pensar que haya frustración?  No, no se pueden justificar actos violentos contra la propiedad, porque nos hacemos daño nosotros mismos. Pero, es el deber del Gobierno entender las causas frustrantes y reconciliar, si es posible, todas estas contradicciones, ya que es la única garantía de que no se repita.  Puerto Rico sobre todo.

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