Juan Dalmau

Tribuna Invitada

Por Juan Dalmau
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Los planes de empobrecimiento rápido para Puerto Rico

Las vistas públicas sobre el Presupuesto Recomendado 2017-2018 han puesto de manifiesto, no sólo la penumbra en el que la Asamblea Legislativa discute el mismo, sino además, el oscuro y profundo abismo económico por el que el país habrá de caer. Las medidas de austeridad, los recortes presupuestarios, las amenazas de despidos y jornada parcial (probables según informó el representante del Gobierno ante la Junta de Control Fiscal Federal), un sector privado frágil incapaz de digerir los empleados públicos despedidos, la ausencia de un plan de desarrollo económico y una reforma contributiva justa, nos llevarán en espiral descendente hacia la pobreza extrema.

Siendo este el primer presupuesto certificado bajo PROMESA por la Junta de Control Fiscal – instrumento antidemocrático cuya misión es que las finanzas del país respondan a los intereses de lucro de los bonistas y a los especuladores de los mercados financieros, por encima del bienestar general de país- ha prevalecido la ausencia de transparencia e información sobre el impacto de los recortes al mismo.

Desde el inicio de las vistas sobre el Presupuesto denuncié que las comparecencias del equipo económico del Gobernador y los jefes de agencias, mostraban graves incongruencias multimillonarias con respecto al presupuesto certificado por la JCF -presentado en Resolución Conjunta en la Asamblea Legislativa- y los números que están ofreciendo los jefes de agencias.

La denuncia se confirmó en la carta enviada esta semana por la JCF al Gobernador y los presidentes de los cuerpos legislativos. En la misma se señala la ausencia de transparencia en la consideración del presupuesto y que la retórica de los portavoces del Gobierno encubre la severidad de la situación fiscal y sus efectos adversos en el País. Cuan dañina y antidemocrática es la JCF, a su señalamiento le aplica la máxima; dos y dos son cuatro aunque lo diga un loco.  

A este cuadro alarmante se suma el hecho de que en la discusión del presupuesto hay dos grandes ausentes: un plan de desarrollo económico que sirva de motor para enfrentar la depresión económica y una transformación radical del modelo contributivo para que sea más justo y balanceado, donde todos los actores económicos aporten en justicia al fisco.

Las medidas de austeridad propuestas para este presupuesto aumentarán la incapacidad del aparato gubernamental de brindar eficientemente servicios fundamentales a la ciudadanía y ocasionará mayores penurias a quienes ya cargan en su caso tres cuartas partes del peso fiscal: la clase media trabajadora y asalariada. El mismo sector que por los pasados tres cuatrienios ha sido perjudicado por enmiendas a la ley del sistema de retiros del Gobierno central y por el efecto de la congelación de plazas, por el despido ocasionados con leyes como la Ley 7, con las reducciones de ingresos, entre muchas otras medidas aprobadas durante los primeros meses de esta administración.

Economistas en Puerto Rico, a cuya voz se les unió el Nobel, Joseph Stiglitz, han advertido que las medidas de austeridad fiscal propuestas generarán un decrecimiento en la economía de hasta un 16% y que condenarán aún más a la pobreza a los sectores más vulnerables. Nada se menciona de cómo enfrentar esa fatalidad económica.

Tampoco se discute la urgente e imprescindible necesidad de una reforma contributiva integral que acabe con el entramado pernicioso de beneficios contributivos, créditos, deducciones y privilegios fiscales de empresas exentas, que no han creado los empleos ni han inyectado a la economía lo prometido. ¿Cómo se puede discutir responsablemente un presupuesto sin un cuadro claro de los recaudos que tendrá el gobierno? ¿Cuáles serán las nuevas fuentes de recaudos, si algunas? ¿Cuál es el impacto fiscal de las medidas de recién aprobación, algunas otorgando beneficios contributivos a sectores acaudalados económicamente?

Para colmo, a este ambiente caótico se le suma ahora el señalamiento del presidente del Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Rob Bishop, que fungiendo de intermediario de un grupo de bonistas de la AEE que recibieron un acuerdo de ensueño de la pasada administración, esta semana indicó que el presupuesto debe ajustarse a ese acuerdo. Es decir, el presupuesto debe contener recortes más severos. Es decir, el Congreso de los Estados Unidos, por voz de Bishop, lo que está pidiendo es más empobrecimiento para Puerto Rico. No se conformaron con aprobar PROMESA, no se conformaron con imponer la JCF, no se conformaron con un presupuesto que recortará millones de dólares y privará de servicios fundamentales al pueblo puertorriqueño, sino que entienden que debe ser más severo, más abusivo, más penalizante.

Todo lo anterior, apunta a una estrategia presupuestaria, económica y fiscal que nos dirige hacia la incertidumbre y el oscurantismo. No puede uno dejar de referirse a la imagen del poeta, que perdido en la selva oscura por haberse apartado del camino recto, leyó en la inscripción sentenciosa: “Omissa spe o huc intrasti” (Vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza.)

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