María Isabel Vicente

Tribuna Invitada

Por María Isabel Vicente
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Los pobres sufren cierre de farmacias de comunidad

Desde que en el año 2005 se derogó la aplicación de la Ley de Certificado de Necesidad y Conveniencia a las farmacias, proyecté que en 10 o 15 años se cerrarían más de 200 farmacias de comunidad. Lamentablemente, hasta el momento, voy acertando.

La proliferación de las farmacias extranjeras era inminente, ya que el único instrumento de planificación que teníamos el tribunal federal lo implosionó. Nos dejó en carne viva, con el beneplácito del Departamento de Salud de populares y penepés quienes colaboraron para que se eliminara.

En aquel momento ni en nuestras peores pesadillas aparecía la patente nacional, ni el 4% de impuesto entre negocios (B2B) ni el aumento vertiginoso de la energía eléctrica, medidas que han carcomido los cimientos de las farmacias de comunidad. A diferencia de nuestra contraparte extranjera, que recibe el mantengo corporativo del gobierno central y especialmente el municipal, las farmacias de comunidad han tenido que absorber el impacto y ver sus ingresos mermados.

PROMESA y su Junta de Control Fiscal es el matador que sacó la puntilla para rematar a las moribundas farmacias de comunidad. Son $100 millones los que la Administración de Seguros de Salud (ASES) tiene que recortar, y todavía no sabemos lo que el gobierno de Trump hará con Puerto Rico en torno a los fondos de Medicaid. Si todo madura como pinta, de las cerca de 750 farmacias de comunidad que existen hoy día, como mucho sobrevivirán entre 300 a 350.

La venta principal de las farmacias de comunidad proviene de los medicamentos con receta. El recetario, para las farmacias de aquí, representa entre el 85 al 95% del total de sus ventas.

Sacando a las farmacias de ciertas áreas de San Juan y alguna que otra en una zona urbana, esa venta de medicamentos con recetas es a pacientes de Mi Salud y Medicare Advantage Platino, es decir, a los médico indigentes de Medicare.

A los pobres, los médico indigentes, los atiende la farmacia de comunidad. Por eso, cada vez que ASES recorta el pago a las farmacias, las hace más endebles. Para ASES es más fácil recortar por donde la soga es más fina, sin advertir que se está poniendo esa misma soga al cuello.

Cuando llegue el día que las farmacias de comunidad mermen, tendrán que sentarse a negociar con las farmacias extranjeras. Sí, a negociar porque las farmacias extranjeras no dan servicio a los pobres de este país. Ellas no están dispuestas a aceptar los términos de la contratación que ASES envía a las farmacias.

Ante este panorama la alternativa para que las farmacias de comunidad puedan sobrevivir es establecer un programa de prevención farmacéutica remunerado. Esa es mi apuesta y el terreno está fértil, porque las puertas de ASES están abiertas a propuestas concretas.

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