Ángel Rosa

Tribuna Invitada

Por Ángel Rosa
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Los políticos tras el bacalao universitario

El Panel del Fiscal Especial Independiente acaba de anunciar que radicará cargos criminales contra el expresidente de la Universidad de Puerto Rico, Uroyoán Walker y el exrector del Recinto de Río Piedras, Dr. Carlos Severino.  Conozco a ambos exfuncionarios, aunque a Severino, con quién compartí profesionalmente antes de él ser Rector, lo considero mi amigo.  Leo estas noticias con angustia y con un gran dejo de tristeza por la institución académica a la que he dedicado mi vida.

Se les acusa de supuestos delitos de malversación de fondos públicos y utilización de los deberes y facultades de sus cargos para obtener, directa o indirectamente, beneficios para terceros.  Estas acusaciones constituyen un aldabonazo fatal en el prestigio y las carreras de estos dos académicos.  Peor aún, contribuye al derrumbamiento acelerado del sitial de incorruptibilidad del que por muchos años disfrutó la UPR.

El meollo de todo es la beca presidencial otorgada a los estudiantes Carlos Pagán y Arturo Ríos Escribano, para cursar estudios en el exterior en 2016. Ambos estudiantes vinculados estrechamente al expresidente de la UPR Antonio García Padilla.  Ríos fue además asesor laboral del entonces gobernador Alejandro García Padilla.

No creo que las acusaciones que ahora se presentan puedan sostener una convicción de ambos exfuncionarios, puesto que en el fondo sus procederes, si se confirmasen con evidencia; no son otra cosa que el uso y costumbre con estas becas por muchísimos años en la UPR.  Pero los méritos del caso tendrán que dilucidarlos los tribunales en su momento. 

Toda esta tragedia, me hace reflexionar en estas líneas sobre el estado institucional del Primer Centro Docente del País.  La Universidad de Puerto Rico, que sin duda fue nuestro proyecto de modernidad más exitoso, se ha convertido en una agencia más del gobierno.  Atrás quedaron los años de la tan defendida autonomía universitaria por la que Jaime Benítez se enfrentó con éxito a Luis Muñoz Marín.  La UPR es gobernada hoy día por las mismas lógicas de panismos, politiquería, clientelismo y arribismo del resto del estado. Y como consecuencia su calidad académica e institucional se ha deteriorado mucho más de lo que sus atribuladas finanzas revelan.

Uroyoán y Severino, quizás pecaron en no decir que no.  En no tirar la raya ante lo que un gerente académico está llamado a evitar.  Pero la UPR del futuro, continuará languideciendo bajo las prácticas de gobernanza que permiten a cualquier donante de campañas, o cualquier alcalde o legislador sentirse con derecho a repartir el bacalao universitario.  Mientras sus facultades, y ahora sus estudiantes, buscan otra tienda dónde hacer verdadera vida académica.

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jueves, 7 de diciembre de 2017

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