Mabel M. Figueroa Pérez

La Tilde de Mabel

Por Mabel M. Figueroa Pérez
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Los privilegiados exgobernadores

Palabra: Privilegio

Definición: Ventajas que tienen unos pocos de forma excepcional 

Etimología: Proviene del latín privilegium 

Hace unos años quedé conmocionada cuando leí un artículo en el que citaban al expresidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, diciendo con candidez: “Los políticos tenemos que vivir como vive la mayoría y no como vive la minoría”. Me impactó porque no estamos acostumbrados a que un jefe de estado tenga la verticalidad de repudiar privilegios. 

Esas icónicas palabras deberían ser la regla y no la excepción, pero a veces la realidad se conforma de concesiones ilógicas en un país en quiebra como Puerto Rico.

Hace solo nueve días, todos cumplimos con el deber de pagar las contribuciones. Ese dinero que estamos obligados a desembolsar cada año, se supone que se use para mejorar nuestra calidad de vida y no que subvencione privilegios, como los vehículos que les pagamos a todos los exgobernadores. 

¿Y por qué ese privilegio? Pues, porque alguna vez estuvieron en La Fortaleza con el voto que les prestaron los ciudadanos. Así de simple. Así de increíble. Así de incoherente e irracional.

Pero no seamos injustos, los carros que les costeamos todos a Rafael Hernández Colón, Carlos Romero Barceló, Pedro Rosselló, Sila Calderón, Aníbal Acevedo Vilá, Luis Fortuño y el últimos que dejó el Palacio de Santa Catalina, Alejandro García Padilla, tienen que ajustarse al “limitado” presupuesto de $30,000. Ni un centavo más. 

Mientras el pasado año, 3,685 personas se quedaron a pie porque les robaron su auto, y en lo que va de 2019 ya se suman otras 1,239, a los exgobernadores los mantenemos sobre cuatro ruedas.

¿Ni siquiera se sonrojan? No, no lo hacen.

Mire usted, a Hernández Colón le pagamos un Chrysler 300S, de 2012, que costó $29,992. A Romero Barceló, un Chrysler 300S, de 2014, que costó $29,995. A Rosselló, un Honda Pilot LX WD-AT, de 2017, que costó $30,000. A Fortuño, un Ford Expedition de 2012, que costó $30,000. A Acevedo Vilá, un Ford Explorer XPL, de 2015, que costó $28,490. A Calderón, un Ford Explorer XLT, de 2014, que costó $29,995. A García Padilla, un Honda Pilot EX AWD, de 2016, que costó $30,000.

¿Cuánto cuesta el suyo? 

Y si piensa que ahí queda todo, está muy equivocado. 

Usted, que se pasa buscando el puesto donde vendan la gasolina más barata, a la vez paga con sus contribuciones el combustible que consumen los exgobernadores. Cuando se le daña su vehículo y debe hacer un gasto con el que no contaba, así como cuando le toca sacar los chavos para comprar el marbete, sepa que, irónicamente, es usted el que paga los mantenimientos, arreglos y sellos de los carros que les subvencionamos a los exgobernadores.

Facturan por todo eso. Los datos son públicos y están en la Oficina de Gerencia y Presupuesto.

Saque la calculadora y compare lo que usted pasa para tener y mantener su carro y lo que le pagamos por ese privilegio a todos los exgobernadores.

Tan solo el pasado año fiscal y hasta febrero del presente año fiscal 2018-2019, han reclamado por gasolina: Hernández Colón $8,325.15, Romero Barceló $7,300.06, Rosselló $7,509.49, Fortuño $7,402.30, Acevedo Vilá $5,202.69, Calderón $3,772.81 y García Padilla $5,786.53. 

O sea, en un año y ocho meses, mientras la gente migraba fuera del país en busca de trabajo, las facturas por gasolina, sumadas a las de arreglos por mecánica y mantenimiento, de los privilegiados exgobernadores llegaron a $77,850.93

A veces no es tanto la cantidad, sino lo que representa. 

Ese dinero debería invertirse en algo más productivo para el país. Por ejemplo, que no haya boquetes en las carreteras que dañen nuestros vehículos. Que arreglen todos los puentes y los semáforos que, a un mes de que inicie la época de huracanes, aún siguen dañados tras el ciclón María. Que se pueda contratar a policías para sentirnos seguros. Que la educación sea de primera. Que haya parques y proyectos que cultiven el deporte y la cultura. Que no haya que recortar servicios esenciales.

Por eso es tan importante que el gobernador Ricardo Rosselló nos rinda cuentas, en el más mínimo detalle, mañana cuando se dirija al país. Que nos informe cuáles son las negociaciones que mantiene con la Junta de Supervisión Fiscal y que sea transparente con el próximo presupuesto. Que nos diga en qué se invertirán los recaudos que les dejamos con la “dolorosa”. Y que nos explique cómo recobraremos la calidad de vida que se ha perdido con la deuda acumulada que hoy arrastramos, como arrastramos privilegios sin sentido.

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