Rafael Cox Alomar

Tribuna Invitada

Por Rafael Cox Alomar
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Los “protagonistas” fiscales

He leído con interés el artículo del distinguido periodista José Delgado titulado “Los protagonistas del debate fiscal sobre Puerto Rico.” Allí se hace una enumeración de los congresistas con mayor influencia sobre la vida o la muerte de la agonizante economía puertorriqueña.

Precisamente del escrito del periodista Delgado se destila la irrebatible y aterradora conclusión de que nuestro futuro, y el de nuestros hijos, dependen del ánimo, capricho, intereses, ambiciones y prejuicios de un puñado de congresistas completamente ajenos a nuestra realidad sin vinculación alguna a nuestro electorado -el cual no los eligió.

Constituye un contrasentido, producto irreductible de la anomalía colonial, que personajes tan extraños a nuestra vida como lo son Mitch McConnell (R-Ky) y Paul Ryan (R-WI) detenten hoy poder tan omnímodo sobre nosotros. Y ni hablar del alucinante señorío de Trump sobre cada paso que damos.

Quizás más alucinante aún es darse cuenta que las cosas no han cambiado un ápice desde que el general Miles invadió Guánica el 25 de julio de 1898. En lugar de McConnell, Ryan y Trump, en aquellos turbios comienzos los “protagonistas” eran el presidente McKinley,  Elihu Root (secretario de Guerra), el senador Joseph Foraker (R-Oh) y mandaderos de la talla del brigadier general George Davis (gobernador entre 1899 y 1900) y del ministro episcopal Henry K. Carroll. Esos fueron los “protagonistas” que le entregaron nuestras tierras al despótico ausentismo azucarero, quienes implantaron la nefasta política de la devaluación de nuestra moneda, y quienes encadenaron al pueblo puertorriqueño al humillante régimen Foraker.

Andando el tiempo llegaron nuevos “protagonistas.” Ahora eran los presidentes Taft y Wilson (uno republicano y el otro demócrata), de la mano del secretario de Guerra Henry Stimson, del mayor general Frank McIntyre (jefe del Buró de Asuntos Insulares del Departamento de Guerra), del ex candidato presidencial William Jennings Bryan (véase carta de Muñoz Rivera a Elzaburu del 22 de abril de 1910), y los congresistas Marlin Olmsted (R-Pa) y William Jones (D-Va). Serían ellos quienes encaminarían el destino de la isla conforme las estrechas directrices de la Ley Jones e impondrían la ciudadanía americana sin consulta popular. La americanización, a toda costa, constituía el norte ideológico de su afán imperial. 

Poco después llegaron los “protagonistas” con guantes de seda. Me refiero a los personeros de la administración Roosevelt -a los panfletistas del Nuevo Trato, cuyas ansias reformadoras se cimentaron sobre el silenciamiento más atroz del nacionalismo puertorriqueño.  Ahí están Ernest Gruening (jefe de la División de Territorios del Departamento de lo Interior de 1934 al 1939), Harold Ickes (secretario de lo Interior bajo Roosevelt), Millard Tydings (D-Md) y Abe Fortas (edecán de Tugwell en Washington y luego estrecho colaborador de Muñoz Marín).

Y luego, con el establecimiento en 1952 del Estado Libre Asociado, llegarían aún más “protagonistas” a servir de prestidigitadores de la vida del pueblo puertorriqueño, entre ellos: Henry Cabot Lodge, Mason Sears, Wayne Aspinall (D-CO), James Murray (D-MT), Henry Jackson (D-WA), Marlow Cook (R-Ky), Bennet Johnston (D-La), Don Young (R-Alaska), todos de la mano de una caterva de funcionarios de las administraciones de Eisenhower, Kennedy, Johnson,  Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush I, Clinton, Bush II, Obama y Trump que a través de la agonía que nos ha tocado vivir en cámara lenta durante estos últimos 60 años han hecho (y dicho) lo que han querido con respecto a nuestro pueblo.

Quizás el elemento más aleccionador de esta crisis que nos ha tocado vivir (la más grande desde los tiempos de la Gran Depresión) es precisamente que aquí no puede haber mas protagonista que el pueblo de Puerto Rico. Permitir lo contrario es alta traición a nuestros hijos y a las generaciones del porvenir. Es por ello que la postergación de nuestro proceso de descolonización no puede ser opción de futuro. El futuro exige la restructuración de la deuda pública y la reconfiguración de nuestro andamiaje interno de gobierno de la mano de la descolonización de la patria. Lo uno va con lo otro.  

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