Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Los quedaos de la colonia

Que nos traten de finca adquirida como botín de guerra por lo dispuesto en el Tratado de París que en 1898 finalizó la Guerra Hispanoamericana, cae como purgante a cualquiera que posea conciencia de dignidad. Aceptarlo mansamente es vivir deshumanizado como “arrimao” dependiente de lo que disponga el dueño de la finca; algo así como el “quedao” en casa de sus padres que nunca estudió para una carrera profesional u oficio que le permitiera establecerse por cuenta propia.

La ciudadanía americana legislada en 1917 resolvió el problema que por 19 años enfrentaron los habitantes de la finca cuando al concluir la guerra España repatrió sus cañones y se marchó con su Carta Autonómica, incluida su castiza ciudadanía, dejándonos en limbo de identidad. No obstante, al hacerlo, el Congreso nos creó otro problema: ¿qué somos?  ¿Territorio incorporado o no incorporado?  La Corte Suprema de Estados Unidos en sus “Casos Insulares” desde 1900 nos ubica como propiedad administrada por el Congreso bajo la Cláusula Territorial de la Constitución; significando que, existiendo la norma de que un Congreso no puede atar las manos de un próximo Congreso, pues, acá vivimos la vida loca colonial.

Esta semana el pleito incoado por bonistas que endeudamos y trabajadores afiliados a la Utier que se unieron, alimentó esperanzas de que, de alguna manera, el Supremo atendería el absurdo de ciudadanos americanos al garete en finca o territorio que se llama Puerto Rico. Vano empeño. Para colmo, el purgante en boca nos lo administra la jueza boricua Sonia Sotomayor: “Eso es lo que dice la Cláusula Territorial… Puerto Rico es propiedad federal”. O sea, tómelo o déjelo, eso es lo que hay. La expectativa es que el Supremo valide los miembros de la Junta de Control Fiscal Federal como designados entre Casa Blanca y el Congreso, con gastos y prebendas que paga nuestra economía quebrada, que se tragaron nuestra autonomía fiscal y nos dictan a quiénes, cómo y cuándo pagamos, y cuánto nos sobra y cómo lo usamos. La finca tendrá capataz confirmado en el Supremo.

Se calcula que para la próxima década habrá seis millones de boricuas o sus descendientes relocalizados en algún estado de la Unión; y que acá, de los tres millones que sobrevivimos – los quedaos de la colonia – medio millón ya tiene pie puesto en el aeropuerto para embarcarse. Mientras se sigue postergando la descolonización, la finca se deshabita.

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