Aarón Gamaliel Ramos

Punto de vista

Por Aarón Gamaliel Ramos
💬 0

Los religiosos y el poder

La entrada del movimiento Proyecto Dignidad en la arena electoral de Puerto Rico expone una ruptura más en el esquema de lealtades que ha dominado la vida política de nuestro país durante el pasado medio siglo.

Las crisis económicas usualmente despiertan insatisfacciones sociales, y con ello se debilitan las fidelidades políticas de mayor arraigo. Ello es un patrón de la historia del mundo moderno del cual nuestro país no puede escapar. Una vez más nos vamos topando con un escenario político donde nuevos protagonistas intentan desplazar a viejos actores. Pero si bien ello había ocurrido antes, esta vez sucede en medio de una de las mayores crisis que vive el país, lo que augura fuertes vientos sobre los bazares quebradizos de los partidos tradicionales. 

He estado atento al desarrollo de este nuevo fenómeno político, escuchando sus voces e intentando comprender sociológicamente la razón de ser de su existencia. Sus principales dirigentes provienen del cristianismo evangélico más conservador. Sin embargo, proclaman su adhesión al principio de la libertad religiosa como derecho fundamental de la democracia y se muestran abiertos a la participación de no creyentes afines con el ideario de esa organización.

Aun no es del todo clara la identidad política de esta nueva fuerza electoral que a todas luces viene apoyada por un amplio sector religioso fundamentalista formado por muchos evangélicos y algunos católicos que comparten visiones teológicas y morales. Entre sus aspiraciones, se encuentra la defensa de la vida humana desde la gestación y una educación pública libre de ideología de género, lo cual enfrenta a Proyecto Dignidad con aquellos que luchan por la igualdad de género y el respeto a la diversidad sexual. Sin embargo, entre sus propuestas hay algunas que resuenan en oídos más liberales, como la concepción de la educación y la salud como servicios esenciales, la importancia de las comunidades para atender el problema de la criminalidad, la auditoria de la deuda “para señalar responsabilidades y exigir restitución”, y el derecho de Puerto Rico a la autodeterminación política, lo que consideran una cuestión de dignidad. 

El vínculo de religiosos cristianos con la política terrenal no es extraño, pues tanto el catolicismo como el protestantismo estuvieron históricamente atados al poder político de diversas formas. La Iglesia Católica disfrutó durante siglos de sus estrechos vínculos con los estados monárquicos europeos, desde los cuales ejercieron su dominio sobre la educación. Además, en Europa y América Latina se fundaron partidos políticos católicos en una amplia gama ideológica, desde el conservadurismo demócrata cristiano hasta las organizaciones social cristianas de corte más liberal. 

El protestantismo estadounidense, que es el modelo que ha moldeado la inserción de evangélicos en la política en nuestro país, actuó políticamente deun modo diferente. En Estados Unidos predominó la práctica mediante la cual las figuras destacadas del mundo religioso ejercían presión sobre los dos partidos tradicionales a través de la consejería callada a políticos y gobernantes, o mediante la inserción directa de activistas religiosos en las contiendas electorales. El Tea Party, organizado durante la primera década del siglo veintiuno, fue aun más lejos, convirtiéndose en una fuerza capaz de imponer candidatos a puestos dentro del Partido Republicano para adelantar políticas públicas de fundamento religioso.

Durante la primera mitad del siglo veinte en Puerto Rico imperó el modelo estadounidense de ejercer presión religiosa tras bastidores, como modo de salvaguardar la separación de iglesia y Estado. Sin embargo, durante el primer lustro de la década de 1960, la Iglesia Católica de Puerto Rico se apartó de esa práctica como resultado del conflicto entre la jerarquía eclesiástica y el Partido Popular Democrático en torno de dos temas cruciales: las políticas de control de la natalidad y la propuesta de enseñanza religiosa en las escuelas. En aquella ocasión, las iglesias protestantes del país se unieron alrededor de la consigna de separación de iglesia y Estado y en defensa de la educación laica. Si bien la vida de este partido fue muy corta, su desaparición sirvió para mover electores de los partidos tradicionales hacia el naciente Partido Nuevo Progresista, en cuyo seno se incorporaron tendencias religiosas diversas. 

El Partido Nuevo Progresista quiso ser una organización de base ideológica amplia, incorporando sectores disímiles en su seno. De una parte, estableció vínculos con el Partido Demócrata, apartándose de su relación histórica privilegiada con el conservadurismo republicano estadounidense. De otra parte, se fue convirtiendo en un partido político dirigido predominantemente por católicos que orientaron su mirada política hacia el sector más fundamentalista del mundo evangélico, pretendiendo conciliar el conjunto de discordancias ideológicas con la bandera de la anexión. Abiertas las puertas del mundo político, los evangélicos se fueron convirtiendo en una especie de Tea Party criollo dentro de ese partido, que exigían respaldo a las políticas religiosas y morales que impulsaban. 

Pienso que el PNP logró mantener esa difícil relación barajando con dificultad el sinnúmero de propuestas destinadas a satisfacer los intereses contradictorios de su heterogénea clientela. Ello quedó manifiesto en la afirmación de identidad que hizo Pedro Rosselló durante sus años como gobernante, al proclamarse “católico-protestante”, lo que revelaba una seria discordancia que habría de estallar años después. Lo cierto es que al interior del PNP se fue deshaciendo el delicado balance dirigido a armonizar los sectores liberales y conservadores, tanto en lo político como en lo religioso, lo que acabó por desmoronarse hace algunos meses cuando se reveló el fracaso de tales acrobacias políticas.

Proyecto Dignidad luce como un intento de religiosos conservadores por trazar su propio camino en la vida política de Puerto Rico. Su prueba de fuego llegará muy pronto, cuando le toque debatir sus propuestas fundamentalistas ante la sociedad de enorme pluralidad religiosa en la cual vivimos.


Otras columnas de Aarón Gamaliel Ramos

miércoles, 11 de marzo de 2020

La franja territorial estadounidense

Le tocó a Theodore Roosevelt convertir esas ansias imperiales en una realidad, arrebatándole territorios a España en 1898 para colocar los primeros peldaños de su periferia naval, escribe Aarón Gamaliel Ramos

💬Ver 0 comentarios