Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Los reposados en "apoyo" a la AEE

El calor extremo (tendría que decir el fuego, la combustión), cuando es compartido, tiene que ser de las experiencias cotidianas más íntimas y comprometedoras que puede haber. El calor puede sacar lo peor de una. Pero las historias post-desastres siempre tienen su redención, y así como hemos tenido que enfrentarnos a nuestro lado oscuro, también hemos sabido compartir nuestros bienes más preciados.

A la entrega de esta columna todavía no tenía luz. Esto puede hacerme perder la cordura pero no el sentido político. Desde esta tiniebla profunda, chequeo las noticias por celular y veo un reportaje en el que aparecen 13 individuos de una compañía privada contratada por la AEE para “apoyar” a sus trabajadores en las tareas de recuperación eléctrica. Están todos parados sin hacer nada, cogiendo fresco en la comunidad a la que fueron a resolver la situación de emergencia en que nos encontramos porque no es normal ni aceptable que siete días después de una tormenta que apenas nos rozó, todavía hayamos abonados sin electricidad. Los 13 reposados le dicen a la reportera que están de “break”, ya que todos comen a la vez. El tiempo que se toman depende del ajoro que haya. “¿Y ahora mismo no hay ajoro?”, pregunta ella incrédula aunque, por el lenguaje corporal de los señores, es evidente que no.

Estos son los contratistas privados que no están adiestrados ni certificados para hacer un trabajo altamente riesgoso. La UTIER, con mucha razón, se ha negado a trabajar con ellos para no poner en riesgo la seguridad de nuestros celadores. No tengo luz pero tampoco estoy dispuesta a perder la vida de ninguno de ellos a costa de darle un contrato a quién sabe qué donante del partido de turno. Porque, no nos engañemos, sabemos cómo se bate el cobre. La imagen de los 13 reposados dista demasiado de las que hemos visto de nuestros trabajadores de la UTIER, respondiendo con compromiso y sentido de urgencia para prender el país.

A quienes aprovechan la emergencia para clamar por la privatización sin el más mínimo análisis sustentado, ahí tienen, retratado, el ejemplo poco heroico del “servicio privado”. Tráguenselo con leche de magnesia en sus infernales noches de verano pos tormenta. La van a necesitar.

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