Bernardo Pilatti

Punto de vista

Por Bernardo Pilatti
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Los retos de Bimbito Méndez

Hasta hace pocos años, el peso mínimo o paja era la categoría menos reconocida y menos mediática del boxeo profesional. Una injusticia, sin duda. Las 105 libras han sido cuna de grandes conquistas, sus cinturones han cruzado el pecho de legendarios campeones y sobre todas las cosas, esa división ha sido el punto de arranque de carreras de leyenda. Como la de Manny Pacquiao, por ejemplo.

El filipino en 1995, a los 16 años, para su primera pelea tuvo que colocar objetos pesados en sus bolsillos para alcanzar el peso mínimo requerido de 106 libras. Ya sabemos a donde llegó con su historia.

La noche en que el puertorriqueño Wilfredo “Bimbito” Méndez se consagró, al derrotar a otro filipino, al campeón reinante Vic Saludar, recibió la correa de los dos monarcas históricos de Puerto Rico en esa división: Alex “el Nene” Sánchez e Iván “Iron Boy” Calderón. Se trató de un momento bisagra para el 2019, y también fue un breve, pero intenso acto de puro simbolismo. Tan importante que necesariamente marca la narrativa de quienes nos corresponde contar el ayer, el hoy e imaginar el mañana de este deporte.

Algo que necesariamente debemos explicarlo bajo la premisa de esas tres partes, tres escenarios a los cuales el 24 de agosto aterrizó la epopeya de ‘Bimbito’. Porque de eso se trata su inspiradora carrera, una epopeya que ahora deberá recorrer el camino de los sueños hacia un final feliz, sin dejar de servir de ejemplo saludable para toda su generación.

Y lo dicho, hay que explicarlo.

EL PASADO

En el álbum de la gloria, Bimbito suma su campeonato al de dos figuras legendarias: Alex “el Nene” Sánchez e Iván “Iron Boy” Calderón. El primero ganó su título en 1993, lo defendió en siete ocasiones y lo perdió el 23 de agosto de 1997 ante una leyenda: el mexicano Ricardo “Finito” López.

Calderón llegó más lejos, lo ganó en 2002, y lo defendió once veces, antes de subir al peso minimosca en 2007 para vencer y arrebatarle el título al mexicano Hugo Fidel Cazarez.

EL FUTURO

 A sus 22 años, Wilfredo Méndez parece tener todo el tiempo del mundo para recrear lo mejor de esas dos historias. Como él lo ha reconocido no sufre para dar el peso mínimo y si tomamos en cuenta su físico privilegiado para la división, junto a su talento boxístico, puede perfectamente emular a sus antecesores y darles años a sus metas en el peso mínimo buscando que la estadística también escriba su nombre en letras de oro en la historia del boxeo boricua.

O también puede romper con ese pasado y no demorar en subir a las 108 libras a buscar sumar, más rápido que Iván Calderón, una segunda diadema en una segunda división. El futuro le sonríe y solo necesita programarlo de manera inteligente.

EL PRESENTE

La responsabilidad de ser el único campeón del boxeo masculino puertorriqueño en este final del 2019, es otro de sus enormes desafíos. Quizás, una mochila que debe llevar con orgullo y extrema responsabilidad. En ese escenario, hay dos perspectivas, por un lado, el de la motivación, ‘Bimbito’ está donde nadie está y es el centro de las atenciones.

Por el otro lado, ese detalle tiene un significado peligroso: no se puede permitir un segundo de flaqueza ni sucumbir siendo el único. Su responsabilidad está asociada a la representatividad de todo el boxeo puertorriqueño. Por ello, en cada pelea, de hoy en adelante tiene que dejar todo y si es posible, un poco más también. 

LA INSPIRACIÓN

El boxeo no es inspiración de escritores y cineastas por un acaso, las historias de muchos de sus guerreros nacieron del barro, del chapoteo periférico, de las carencias del tejido social resquebrajado y la violencia de sus calles. Esa violencia que a todos nos obliga a vivir más apegados al instinto que al raciocinio. ‘Bimbito’ es hijo de esa realidad, sobreviviente de un mundo del que cada tanto nacen glorias del boxeo y en el que, habitualmente, miles de otras vidas se pierden en su profundo anonimato. 

Que un campeón acepte ese origen y asuma a pecho descubierto su deseo de servir de inspiración al ‘si se puede”, vale más que el cinturón que lo tornó campeón. Que a su vez ese campeón suba a todos los estrados con una primera palabra de agradecimiento en su boca, no solo habla de sus valores personales, también sirve para ratificar una vez más que el boxeo es la más democrática y salvadora de todas las violencias deportivas. Wilfredo Méndez es el más reciente de sus ejemplos.

EL PUNTO DE VISTA

El largo día después en la hazaña del trujillano está repleto de retos, la mayoría los detallamos en esta columna. Pero hay uno sobre el cual no tendrá responsabilidad, tal vez, el reto desconocido: el uso que se le dará a su buen ejemplo. De eso se trata.

Puerto Rico es un semillero de boxeadores. Un increíble laboratorio en estado puro donde el talento boxístico, muchas veces alimentado por la pobreza y la rebeldía, florece en la mera superficie. Es necesario ir en su rescate, es necesario incrementar hasta el infinito los recursos para que también ellos tengan su oportunidad. No solo la oportunidad de ser campeones mundiales, mejor que eso, que tengan la oportunidad de ser considerados importantes para la sociedad y que, a través del boxeo, sea la sociedad quien les brinde las herramientas para ser personas de bien.

Cada vez que se consagra un nuevo campeón mundial, hay detrás de su hazaña una historia calcada de otras. Por ello, esos títulos son siempre una fantástica oportunidad de iniciar o mejorar la obra social que el boxeo se empeña en construir. Que nadie lo impida. Hay que seguir buscando más ‘Bimbitos’ y llenarlos de retos. Así es como funciona.

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