Orlando Parga

Elecciones 2020

Por Orlando Parga
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Los retos de Pedro Pierluisi

La Encuesta de El Nuevo Día ubica al excomisionado residente Pedro Pierluisi como favorito de la militancia progresista entre los posibles aspirantes a la gobernación que se mencionan para las elecciones del 2020.  Su ventaja, cómoda, amplia, de un 45%, se solidifica tras el anuncio de la otra fuerte contendora Jenniffer González de que optará por la reelección a un segundo cuatrienio en Washington.  Parecería ser que tras la derrota a manos de Ricardo Rosselló en las primarias de 2016 y los tropiezos de este pasado verano de los que salió seriamente maltrecho, finalmente Pierluisi tiene vía franca en su partido.  No obstante, hay barruntos en el horizonte.

A manera de reencarnación política del obstáculo constitucional que limitó a horas la gobernación interina de Pierluisi en julio pasado, ahora está en ciernes un movimiento artesanal espontáneo para que la gobernadora Wanda Vázquez descarte la decisión de no validar en las urnas el accidental ascenso que la llevó a La Fortaleza.  El reconocimiento positivo para el desempeño de la gobernadora Vázquez que la propia encuesta revela, es combustible para este nuevo movimiento que surge de reclutarla; y que esa posibilidad surja como chispa de simpatía en la opinión pública, ciertamente pone a pensar los afiliados de un partido que en lo que va del cuatrienio, literalmente, ha tenido que nadar el Niágara en bicicleta.

Para derrotar el 3 de noviembre al candidato finalmente escogido por los populares, Pierluisi primero tiene que convertirse en presidente y líder máximo de los progresistas.  Lo primero ya lo fue de 2013 a 2016; mientras que lo segundo evidencia no haberlo sido, la derrota que le propinó el joven Rosselló en primarias.  La batalla electoral dura que se avecina pone a pensar si la proyección de bonhomme – buen hombre – que indiscutiblemente Pierluisi posee, es suficiente para sobrevivir la épica y crucial batalla que el PNP confronta el año próximo.

Si bien es cierto que los dos partidos principales y sus líderes sufren de horrible desgaste y que sus maquinarias, de uno y del otro, caminan como carro que cancanea con el motor ahogado entre frustración y fracaso; igualmente es cierto que la gobernación está hoy sobre los hombros de los progresistas y que revalidarla es su cuesta más empinada.  La terquedad mostrada por el liderazgo legislativo de la mayoría progresista, su resistencia a cerrar el festival de contratos que la desacredita, los hábitos del pasado que regresan y no acaban, son pólvora con la que el adversario popular alimenta los cañones de su próxima campaña.  Estas tempestades pronosticadas piden brisas de cambio y reforma con las que el pueblo pueda ilusionarse para recobrar la confianza en sus instituciones de gobierno.  El candidato de los dos partidos principales de nuestra bipartidista democracia que consiga articularlo en su campaña será el que saldrá airoso en las urnas.

Esto que está en juego en el 2020, lo dicen los negativos de la encuesta, no se gana con más de lo mismo.


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