Chu García

Chuchazo

Por Chu García
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Los rusos no son los únicos en el abuso de esteroides anabólicos

Deportivamente a nivel mundial, los rusos han cavado sus tumbas durante cuatro años, según castigo del Comité Olímpico Internacional (COI) por el continuo uso de esteroides anabólicos de muchos de sus atletas, lo que en el pasado era ocultado por su propia agencia de “antidoping” en contubernio con su Servicio de Inteligencia, antigua KGB, cuando existía la Unión Soviética. 

Aunque ya en la Olimpiada de Río tuvieron que competir como neutrales, un total de 286, sin bandera ni himno por medio para los ganadores, ahora la exclusión es mayor y tampoco podrán montar eventos internacionales en su país. 

Lo grave de la situación es que el ex viceprimer ministro Vitaly Mutko fue el autor intelectual del fraude, avalando el laboratorio que realizaba los exámenes positivos. 

Estos anabolizantes fueron creados en la década de los 30 para tratar al hipogonadismo, condición en que los testículos no producen suficiente testosterona, pero con dicho medicamento se facilita el crecimiento del mundo esquelético. 

El velocista jamaicano Ben Johnson fue el primer famoso en ser declarado culpable de utilizar estanozolol, y se le borró su récord universal de 9.79 para los 100 metros y todas sus medallas olímpicas tras Seúl 1988. 

El peor de los casos recae en el ciclista estadounidense Lance Armstrong, campeón del Tour de France en siete ocasiones, y en varios peloteros como José Canseco, Mark McGwire y Rafael Palmeiro, tocándole al primero en dar el chivatazo de varios de sus compañeros en las Grandes Ligas. 

En los setenta se acusó al semifondista finlandés Lasse Viren, doble oro en 5,000 y 10,000 en las Olimpiadas de 1972 y 1976, efectuadas en Munich y Montreal, de sacarse sangre, congelarla y hacerse una transfusión con ella horas antes de la competición para ganar oxigenación. 

Viren, que ganó en Coamo en 1974, fue tan atrevido que en Montreal disputó la maratón 18 horas más tarde de los 5,000, alcanzando la quinta posición, sin poder emular al checo Emil Zatopek, que atesoró el triple en Helsinki 1952. 

A pesar de que la pena a los rusos es legítima y con etiqueta de escarmiento, jamás se pondrá freno a este mal porque el fraude del dopaje es una circunstancia enraizada en todos los deportes y naciones.

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