Pedro Ortiz

Tribuna Invitada

Por Pedro Ortiz
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Los semilleros de esperanza en Puerto Rico

Puerto Rico se está llenando de semilleros de esperanza. Considero que uno de esos momentos de siembra de la esperanza ocurrió esta semana con la marcha y concentración convocada por grupos sindicales en la Milla de Oro, justo frente al edificio donde tiene su sede el organismo dictatorial designado por Estados Unidos para someter a Puerto Rico a la obediencia mientras empobrecen sistemáticamente nuestra sociedad, nuestra gente. Para mí, lo más importante de esa marcha fue que ocurrió, que dio un testimonio que nos hace mucha falta, como también al día siguiente dio un testimonio de “coraje” con dignidad el grupo “Se Acabaron las Promesas”. No me preocupa el tamaño de la semilla. Lo importante será su fruto.

En el sur, de Guayama a Peñuelas, también hay semilleros. Grupos sociales han logrado establecer polos de resistencia contra el desalojo criminal de la salud que quieren hacer con los depósitos de cenizas de carbón. Pero hay gente que no acepta someterse, que se enfrentan, que denuncian, que echan al aire semillas de esperanza. En esa lucha se han combinado ambientalistas, religiosos, líderes políticos, gente. Otra vez, lo importante no es cuántos son, es lo que están sembrando y la esperanza de que dé fruto.

En el norte, en Arecibo, la resistencia, firme en una lucha de años, ha logrado mantener a raya la intentona de un incinerador de basura que constituye otra amenaza grave para la salud del pueblo. En Arecibo se lucha por el derecho de la patria a la vida y la semilla promete dar frutos.

En las redes sociales sigue tomando forma el reclamo, que ya se cuenta por miles, de los que están firmando la petición de change.org para reclamar la libertad de Nina Droz, la amazona rebelde que resiste en la prisión federal y con su encierro da testimonio de valor y sacrificio. Yo no sé hasta dónde llegará ese recogido de firmas, pero ya es un fenómeno extraordinario y cada firma es una semilla.

Esta pequeña lista de eventos tiene que incluir a los estudiantes universitarios —siempre— que hace un par de semanas lograron llevar miles al Coliseo Roberto Clemente, esta vez para tomarse el atrevimiento de celebrar la graduación del Recinto de Río Piedras, que la falta de sabiduría de la jefatura institucional quería negarle. Miles de estudiantes, padres, amigos y familiares, ese día se transformaron en sembradores de la esperanza para todo un pueblo.

De todas escenas, quiero regresar a la primera. Allí, en la tarima, estaba Tito Auger, con su guitarra —que marca las huellas de una vida de lucha— y abrió el acto de protesta con su interpretación de la canción “Patria” del panameño Rubén Blades. “La patria no la definen los que suprimen a un pueblo”, dice la canción que explica que “patria son tantas cosas bellas”.

Sé que también se reúnen empresarios, líderes cívicos y dirigentes políticos que buscan un frente común en Washington. Pero en esta reflexión estoy privilegiando las luchas sociales, las luchas de las bases por sembrar un Puerto Rico que no sea sumiso, que deje atrás el “ay, bendito”. Un Puerto Rico en el que florezcan “tantas cosas bellas”.

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