Emilio Colón Zavala

Punto de Vista

Por Emilio Colón Zavala
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Los sismos han redefinido nuestra cotidianidad

Hay un decir muy conocido que indica, “lo único que no cambia es que todo cambia”. En estas últimas semanas hemos tenido la prueba mayor de ello. Por supuesto, esta no es la primera vez que nuestra cotidianidad es interrumpida para dar paso a otra.

Algunos recordamos cuando en septiembre de 1989 tuvimos el impacto del huracán Hugo. Para una generación entera de puertorriqueños, era la primera vez que experimentábamos el impacto un ciclón de gran intensidad. Desde entonces, cuando se acerca el mes de junio todos comenzamos a estar atentos a la actividad tropical. Claro, fuimos impactados nuevamente en el 1998 y el 2017, por lo que nos hemos ido acostumbrando a prepararnos y a responder a este tipo de evento.

De la misma manera, Puerto Rico no experimentó por varias generaciones una actividad sísmica de la intensidad que hemos observado. Podemos argumentar si habíamos sido advertidos o no, y quién llevaba la voz más alta. Lo cierto es, como también se dice coloquialmente, “no es lo mismo decir que viene el diablo que verlo venir”. Lo ocurrido en Puerto Rico desde el pasado 28 de diciembre de 2019 ha cambiado nuestro diario vivir. Las cosas no serán igual.

Se ha comenzado a discutir públicamente acerca de causas o efectos de los daños reportados. En realidad, estamos un poco temprano para ello por dos razones; 1) aún el evento no ha terminado y 2) el análisis de los daños aún comienza. Ya habrá tiempo para hablar de códigos, planificación, entre otros. Luego será importante hablar también acerca de cuál debe ser el nivel aceptable de riesgo que debemos asumir como sociedad. Hay otras cosas en las que podemos enfocar nuestras energías de manera positiva en estos momentos.

Por un lado, es importante continuar atendiendo las necesidades de los afectados, desplazados y quienes viven atemorizados. La prolongación de la actividad sísmica ha creado mucha ansiedad en la población más cercana a la actividad sísmica. Para ello tenemos profesionales más que capacitados que incluso han estado donando de su tiempo para brindar asistencia.

Por otro lado, vamos a tener que aceptar que esto es algo con lo que vamos a probablemente vivir al menos por un tiempo indefinido. Va a ser importante educarnos sobre cómo estar preparados para eventos sísmicos futuros; aprender de esta experiencia, además de adaptar lecciones aprendidas de lugares como Chile, México y el estado de California, entre otros.

Tenemos una nueva señal de la necesidad de hacer las cosas de manera distinta. La oportunidad de ser ejemplos de resiliencia a nivel mundial no solo en términos técnicos, sino también en aspectos sociales. La exhortación es a que construyamos un nuevo Puerto Rico y sentemos la pauta de cómo sobrellevar la adversidad. La capacidad no es problema.  Tengamos la voluntad de movernos hacia adelante. Manos a la obra….

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