Pilarín Ferrer Viscasillas

Punto de vista

Por Pilarín Ferrer Viscasillas
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Los sismos: ¿pedir perdón o pedir permiso?

Radicar un proyecto para permiso de construcción o de uso continúa siendo en extremo complejo, tedioso y sujeto a arbitrariedad. Trámite rutinario convertido en reto, ciencia oculta creadora del llamado “permisó[email protected]”. Dilatar la aprobación de un permiso (construcción o uso) para proyectos bona fide, que cumplen con códigos y reglamentos determinará si estos se hacen realidad o no.   

Las dificultades inherentes en la radicación de un proyecto para permiso de construcción no descartan su validez. Este ratifica cumplimiento con requisitos en el diseño de una estructura, primordialmente que la obra es diseñada por arquitectos e ingenieros licenciados en Puerto Rico. Un permiso de construcción es una hoja de cotejo, cuyo objetivo fundamental es garantizar la salud, bienestar y seguridad del usuario. 

Si todo lo anterior pretende salvaguardar vidas, por qué tantos ignoran el proceso, poniendo su vida, las de sus familiares, empleados, invitados y clientes en riesgo, prefiriendo pagar multas y penalidades si los cogen. 

Las fotos de las estructuras afectadas por los sismos evidencian de forma dramática la falta de integridad estructural de las edificaciones, no diseñadas para resistir cargas laterales (terremoto o huracán). Sin embargo, hay asuntos menos evidentes, igualmente preocupantes, que atender: conexiones eléctricas peligrosas, ventilación adecuada, pozos sépticos ilegales, descargando aguas crudas que a diario contaminan cuerpos de agua, escaleras, rampas y salidas de emergencia en incumplimiento, cisternas mal colocadas, construcciones deficientes hechas con materiales incorrectos. Faltas que proliferan en todo tipo de estructura (sin importar su costo) permitidas por décadas, con consecuencias catastróficas en estos últimos dos años.   

Los terremotos acabaron con lo que Irma y María no se pudieron llevar.  La Madre Naturaleza no discrimina, lo que está mal construido, en sitios donde nunca se debió haber edificado, va a sufrir tarde o temprano, es cuestión de tiempo. Hay quien se escuda detrás la complejidad de nuestro proceso de permisos, prefiriendo pedir perdón que pedir permiso y se arriesgan a construir de manera temeraria.  

Los huracanes y sismos son una realidad nuestra. Hay códigos y diseños que atienden todas estas situaciones, garantizando el bienestar de los usuarios, pero hay que ponerlos en práctica. No hay que desalojar la zona sur de la isla, como no se desalojó ciudad de México en el 1984 después del terremoto de 8.1 y tampoco a Santiago de Chile, en el 2010 después del terremoto de 8.8.  

Lo que hay que hacer es hacer las cosas bien, de una vez y por todas, no permitir construir donde no se puede y como no se debe, el gobierno igual de estricto con todos, no algunos. Hay que dejar de caracterizar como folklóricas las construcciones informales/ilegales, ubicadas en lugares de alto riesgo, y entender que son trampas de las que quizás, enfrentados a futuros desastres naturales, no se podrá salir con vida. Hay personas que no tienen los medios para procurarse una vivienda digna y segura en un lugar apropiado. El gobierno tiene que atender esta situación con premura; igual que provee servicios de salud, educación y asistencia legal a los menos aventajados.

La cantidad de estructuras afectadas es enorme, pero lo más lacerado es la confianza de muchos en su hogar, provocando que no se atrevan a regresar a este. Los códigos y el diseño sismo-resistente protegen vidas. La buena arquitectura, la responsable, esa que respeta códigos y reglamentos y los implementa, no depende exclusivamente del material del cual esté hecha, depende del buen diseño y de la buena construcción.  

Llevamos años otorgando permiso de uso a estructuras que no se sabe cómo se construyeron, muchas ubicadas en lugares de alta peligrosidad. Confío en que todos los puertorriqueños se hayan dado cuenta de que ignorar los códigos de construcción puede tener consecuencias lamentables y hasta fatales.   

El gobierno tiene que simplificar y agilizar el proceso de permisos, sin renunciar a su deber ministerial de proteger al ciudadano, para efectivamente salvaguardar la salud, bienestar y seguridad de todos. El proceso de permisos, que tanto bien persigue, no puede ser tan complicado, tedioso y lento que propicie el incumplimiento. Las personas deben de poder radicar y obtener un permiso de construcción con relativa celeridad, así lograremos que se deje de optar por pedir perdón, antes que pedir permiso. 


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