Francisco A. Catalá

Punto de vista

Por Francisco A. Catalá
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Los sismos: una de cal y otra de arena

La naturaleza, de la que somos parte, es fuente de recursos y hace posible la vida. Pero también encierra sorpresas, riesgos y amenazas. Coinciden en ella elementos creadores y fuerzas destructivas. Esto último se ha hecho patente en Puerto Rico con el brutal azote del huracán María el 20 de septiembre de 2017 -- ¡cómo olvidar esa fecha! – y ahora con la serie de sismos que estremecen a la Isla, sobre todo a los municipios del suroeste.

Las tendencias conflictivas que caracterizan a la naturaleza se revelan también en la sociedad. No ha sido por casualidad que la sabiduría popular ha acuñado dichos y refranes como “no hay mal que por bien no venga”, “a mal tiempo buena cara” y “una de cal y otra de arena”. Tal coexistencia de signos positivos y negativos valida la definición de desarrollo económico como proceso orientado al aumento del acceso a bienes y a la disminución de la generación de males, entre los que se destacan la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la degradación ambiental.

Nadie en su sano juicio desea desastres sociales o naturales como, entre otros, epidemias, guerras, huracanes y terremotos. Su costo humano desafía al frío cálculo. No obstante, cuando desgraciadamente suceden es importante tanto aquilatar los daños así como identificar las ventanas de oportunidad que se abren con la reconstrucción. 

Inicialmente, claro está, solo se advierten los signos negativos: destrucción de casas y edificios, fallas infraestructurales, aumento de la emigración, miedo, incertidumbre… A corto plazo se afecta adversamente la actividad económica debido a diversos factores, desde daños directos a los talleres de trabajo hasta interrupciones en líneas de suministros, energía, transportación, etc. Esto coincide con la activación de la ayuda espontánea y de la que se descarga vía los distintos programas oficiales. Luego comienzan los diagnósticos. Entonces pasa a ser imperativo el esclarecimiento de las nuevas rutas de acción.

Los desastres son catalizadores de nueva inversión, de reorganización sectorial, de desarrollo municipal, de surgimiento de líderes sociales, de iniciativas empresariales, de apercibimiento de urgencias, de redefinición de prioridades. Por ejemplo, ya resulta indiscutible la necesidad de superar un sistema de generación de electricidad a todas luces obsoleto. Abundan las propuestas sensatas. También, ya en el campo de la reorganización sectorial, debería examinarse el desarrollo de una verdadera industria de procesamiento de alimentos. Se cuenta con ventajas comparativas que no deben desaprovecharse. 

Durante la prolongada crisis económica de Puerto Rico la inversión interna bruta en capital fijo (viviendas, edificios industriales y comerciales, obras públicas y maquinaria y equipo) ha descendido significativamente. Ahora, la reconstrucción podría suponer la alteración de tal tendencia. Pero, si se ha aprendido algo de la recienteexperiencia, hay que velar por el cumplimiento con un buen orden normativo, desde los reglamentos que rigen la construcción hasta la administración pública y sus vínculos con el sector privado. Valga puntualizar que no se trata de ayudas, sino de inversión orientada a la ampliación de la base productiva. Aquí es que radica la ventana de oportunidad.

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